La tienda de golosinas.
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Vitrina de golosinas y caramelos. |
Entrar en estos lugares siempre me hacen recordar la época donde siendo un chaval me dirigía con esas pocas monedas que me daban en casa, vamos lo que era la paga del fin de semana, a una tienda que cariñosamente llamábamos "La Tiendita Roja" regentada por una señora ya entrada en años que siempre tenía una sonrisa y una palabra amable con nosotros. Por aquel entonces no había demasiadas tiendas de esta clase y allí compraba las chuches, no tenía un surtido muy variado ya que en aquella época no se fabricaba tanta golosina como hoy en día. Recuerdo comprar unos sobres un poco grandes con unas figuritas de soldados, llamados actualmente soldaditos de plástico, que usábamos en nuestras batallas, ¡la imaginación al poder! Nada de pc o videoconsolas todavía no existían y ni siquiera se esperaban. Una vez que falleció la señora, nunca supe como se llamaba, la tienda se cerró y tuvimos que buscar otra tienda de este tipo hasta que por edad vas abandonado estos hábitos y cogiendo otros.
El encantamiento no iba a durar mucho tiempo en esa tienda, por desgracia en seguida se vuelve a la realidad, encontré sobre la vitrina correspondiente los paquetes de cortezas de todos los sabores y colores habidos y por haber que hoy en día se fabrican, ocurría los mismo con las patatas y los maíces. Al fondo se encontraba la sempiterna máquina expositora de bebidas refrescantes de color rojo chillón de marca mundialmente famosa, tenía todo tipo de bebidas refrescantes menos bebidas alcohólicas por supuesto, justo a un lado de esta máquina había otra nevera, la nevera de los helados donde se guardan los helados industriales también de marcas famosas que ya y por mor de la tecnología se venden todo el año, por comentar, cada año son más pequeños y cada vez más caros. Estas dos máquinas refrigeradoras no existían en mi época de chaval, el mareo de chucheras que pude encontrar fue bastante grande, todos los expositores estaban repletos de todo tipo de chucherías de todos los colores y formas inimaginables puestas en fila en un par de pasillos, me mareó la cantidad de golosina industrial que pude encontrar. Todo está dispuesto en un sistema de autoservicio, agarras una bolsita de plástico y te sirves tu mismo, paseas, das vueltas por la tienda y te llevas lo que te apetece, ya no existe esa interacción con los dueños.
Para acabar cuando ya terminé de servirme, tampoco me llevé mucho un par de paquetes de esas gominolas de mi niñez, se las llevé al dependiente que las cerró las pesó y me dijo: <<Son tles con tleinta>>, le pagué con un billete de diez euros me dio el cambio y le deseé que pasara una buena tarde, no dijo nada solo sonrió, por lo visto este señor llevaba poco tiempo en España y no dominaba todavía el idioma. Verdaderamente cualquier tiempo pasado fue mejor.
Saludos y hasta la siguiente.