Observando las estrellas.

Eran aproximadamente las 22:00 horas del jueves 2 de febrero cuando me disponía a cerrar el balcón de casa, empezaba a tirar de la correa de la persiana y a bajarla cuando observé la noche sobre Bilbao y lo que vi me sobresaltó, todo el cuerpo me dio un respingo, me puse en alerta. Por encima de los tejados de las viviendas de enfrente observé una formación estelar que me era tremendamente familiar, El Cinturón de Orión, ¿qué os creíais que había visto, un OVNI?

Subí la persiana, abrí la puerta corredera y accedí al balcón, lo que vi me llenó de estupor y sorpresa, justo encima de la casa de enfrente por encima del tejado y dándome la cara pude observar tímidamente, maldije la contaminación lumínica, toda la constelación del Cazador. Me quedé sorprendido la verdad, empecé a pensar el porque no la había observado antes desde mi casa mientras me bebía la constelación entera. Llegué a la conclusión que era una noche perfectamente despejada en invierno y había que aprovecharla.
La constelación del Cazador.
Me dirigí rápidamente hacia mi habitación, cogí el smartphone y accedí a la carta celeste del mes de Febrero para no perderme, la podéis encontrar en mi comunidad de astronomía. Acto seguido me situé bien y no estaba en absoluto errado, ahí enfrente me estaba saludando la constelación del Cazador. <<¿Qué pasa chaval? Ya era hora de que me vieras.>> Llegó a decirme, vosotros habláis con los animales pues yo hablo con las estrellas. Lo único que pude observar fue el cinturón de Orión con las tres estrellas, Mintaka, Alninam y Anilka, debajo de Alninam advertí la Nebulosa de Orión y seguidamente el contorno de la constelación, Saiph, Rigel, Bellatrix, Betelgeuse la más llamativa con ese color naranja y la que casi no se apreciaba Meissa, el resto de objetos celestes de la constelación no pude observarlos porque estaba observando a simple vista sin ninguna clase de ayuda. La imagen superior os la dejo para que podáis ver la constelación en todo su esplendor, naturalmente yo no la vi así.

Maldije mi suerte doblemente por no tener una cámara en condiciones para poder fotografiar y unos binoculares para poder observar con total plenitud, creía que no iba a tener otra oportunidad pero al final la tuve la noche del 10 de febrero con parecido resultado, tengo que estar más atento. Cuando ya me aseguré de todo me dediqué a buscar otras estrellas, la noche del día 2 de febrero la luna estaba en fase creciente por el suroeste, no había llegado a la mitad de la fase situada a mi derecha desde mi punto de visión. Desde estos dos puntos fijos me dediqué a ver lo que mi vista y mi situación me permitiese, se necesita una noche absolutamente despejada de nubes y a poder ser con poca contaminación lumínica, lo primero lo tenia lo segundo no. Es así como se observan las constelaciones, se coge una constelación conocida y alguna otra referencia y se empieza a buscar alrededor de ella, conviene llevar un mapa celeste o alguien que conozca la bóveda celeste. La noche del día 10 del mismo mes la Luna estaba casi en el plenilunio por el este, a la izquierda desde mi punto de vista,los puntos de referencia cambian pero el objetivo es el mismo.

<<¡¿Qué haces?!>> Me preguntó una voz detrás mio, era mi madre.
<<Nada mamá, tomando el fresco de la noche.>> Respondí, la verdad estaba tan ensimismado que me sobresaltó.
<<No cojas frío, yo me voy a dormir>> Y se fue con esa cara que pone cuando no entiende lo que hace su hijo, ¡madres!

Sirio A y Sirio B.
Yo seguí a lo mio, se que cogiendo la diagonal hacía abajo del Cinturón de Orión se puede observar Sirio, la estrella más brillante del firmamento como así fue. Justó a mi izquierda y sobresaliendo un poco por encima de los tejados allí estaba Sirio saludándome. <<Hola>> me dijo. <<Se que eres un sistema binario, Sirio, encantado de conocerte>> respondí. Sirio pertenece a la constelación del Canis Maior pero por las viviendas no pude observar más. Acto seguido dirigí mi vista hacía la derecha entre la constelación del Cazador y la Luna, encontré otro punto brillante, Aldebarán perteneciente a la constelación de Taurus. Esta tremenda y orgullosa estrella, una de las más brillantes del firmamento, me observó en silencio y siguió brillando sin darme ninguna importancia. Asomé un poco la cabeza fuera del balcón con cierto temor a caerme por mi parte, hay que estar atentos, y casi por encima del tejado distinguí cuatro o cinco puntos juntos, las Pleyades, ahí estaban las siete hermanas aunque no pudiese distinguirlas a todas, se podía escuchar su canto melodioso.

Intenté observar algún punto luminoso más pero no pude situar esos otros dos puntos que tililaban en la noche, tan solo pude observar estrellas de primera y de segunda magnitud. Al no tener más referencias no pude situar más objetos celestes, de las demás constelaciones ni catar porque mi casa está orientada hacia la fachada Sur y la visión estaba limitada a un segmento reducido del firmamento. Observé a la Luna y se despidió de mi deseándome un buen descanso y esperándome para las siguientes citas.

La verdad es que fueron instantes preciosos, no me esperaba encontrarme con tanta desconocida creo que a partir de esos días ya no lo son. El cielo siempre brinda pequeños homenajes para el que quiera estar un poco atento, habrá más oportunidades lo sé. Por cierto, deberes para el año: comprarme unos binoculares, lo de la cámara fotográfica ya veremos. Aprovechar estos momentos sirven para dar sentido a lo que uno hace en las redes sociales, la astronomía no solo son imágenes bonitas en páginas web de agencias espaciales o blogs también es observación pura y dura. Estos momentos están hechos para aprovecharlos, observar desde la Tierra a ojo desnudo tiene sus limitaciones pero acabas contento y orgulloso de lo que haces, son objetos muy lejanos en la distancia y el tiempo.

Y vosotros, ¿habláis con las estrellas?  Un saludo a todos.

Créditos de la Constelación del Cazador: Rogelio Bernal Andreo.
Créditos Sirio A y B: Crédito: NASA, ESA, H. Bond (STScI) y M. Barstow (Universidad de Leicester).

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