Sonido + sonido + sonido = Ruido.

Un paseo por el parque en silencio es una buena terápia.
El ruido, ese gran problema tan acuciante en las grandes ciudades de hoy en día. Parece increíble, la verdad, pero ciertos niveles de ruido provocan un deterioro de la salud enorme, es uno de los grandes problemas de este siglo junto con otros muchos. El silencio es una de esas terapias de las que nos olvidamos muy a menudo, demasiados sonidos tenemos que soportar las personas que vivimos en núcleos urbanos. Nos hemos rodeado de máquinas que siempre suenan, frigorífico, lavadora, televisor o cualquier otro aparato electrónico que funcione. Por no hablar de la calle, tráfico, bocinazos, algún semáforo que emite algún pitido, las campanas de alguna iglesia y por no seguir hablando de esos locos que gritan a distintas horas del día. Cómo he puesto en el encabezado de esta entrada la suma de sonidos acaba en ruido.

Todo esto lo noto cuando me alejo de la ciudad, Bilbao en este caso, y por circunstancias me voy hacia las afueras ... el silencio es sepulcral, cómo en una canción que no recuerdo de quién escuchas el ruido del silencio, el silencio te grita a la cara. No escuchar nada es perturbador a personas que estamos todo el día machados con distintas clases de sonidos, ahora pasa un coche con un altavoz anunciando una corrida de toros, es irritante y cansino. Te machaca todo el día, lo noto, estás con la cabeza cargada, irascible, irritado, ahora pasa un avión a hélice por encima, suma y sigue. El ruido de las obras, necesarias por supuesto, es algo que se añade a todo esto y nos os digo nada cuando se añade un taladro percutor, entonces es el acabose. No quiero ni pensar en como se puede vivir en un pueblo o ciudad al lado de un aeropuerto o cualquier clase de instalación de este tipo, pero claro, primero siempre ha estado el pueblo y no la infraestructura así que no creo que se vayan del pueblo y con toda la razón he de añadir. Mientras escribo esta línea viene el sonido de sirenas de una ambulancia y un coche de policía detrás, sé diferenciarlos son diferentes. Es algo ensordecedor pero tiene su lado bueno, experimentas sobre el efecto Doopler, ruido agudo cuando se acerca, ruido grave cuando se aleja, en fin, el que no se consuela es porque no quiere.

La terapia del silencio o de estar en un entorno con el más mínimo ruido posible es necesaria, calma los ánimos, despeja la cabeza y tranquiliza, además que se trabaja mucho mejor en un ambiente relajado que en otro dónde te están machacando con sonidos que no son precisamente los agradables o esperados. Una música suave, Mozart, Bach, Beethoven, es totalmente recomendable, otro tipo de sones mejor para las discotecas o bares. Los chillidos o gritos si no son por causa justificadas son molestos aunque yo haya chillado alguna vez. 

Lo curioso de todo esto es que cuando por alguna circunstancia me rodea el silencio me quedo quieto esperando algún ruido. La parálisis dura el tiempo suficiente como para asombrarme por el silencio o porque por fin suena algo por algún sitio entonces me tranquilizo y sigo en mi menester, parece ser que no podemos vivir sin ruido. Siento un gran asombro cuando sucede esto pero es una sensación que dura pocos segundos, casi no llega a los dos minutos y al fin algo suena por ahí. El ruido es uno de los grandes males de nuestro tiempo a los que debemos de enfrentarnos por lo menos en las grandes ciudades, nuestra salud y la de todos está en juego.

Desde mi profundo silencio os espero en la siguiente entrada, saludos a todos.