El crimen perfecto. Capítulo 2 - Preguntas.

Hojarasca en el paseo de la mansión.

Capítulo 2.
Preguntas.

El androide-guía pausadamente les fue mostrando la mansión.
-Como pueden ver caballeros –habló el androide–, en esta primer planta es dónde se encuentran las salas principales, recepciones, despachos, banquetes, celebraciones.
Emilio y Ricardo miraban todo con cara de asombro. Todo era de un lujo extremo, tenían salas de todo tipo y de todas clases, mobiliario modernista, vanguardista, clásico, e incluso de la antigua Roma y Egipto.
-Muchacho, ¿dónde encontraron a los señores? -preguntó Emilio al robot aunque ya lo sabía por los informes.
-Los señores están fuera de la hacienda en estos momentos. Sí quiere alguna cita con ellos su secretaria, la señora Goribar, puede concertarle una -respondió el robot deteniéndose.
Emilio se sorprendió por la respuesta. El androide reanudó el camino y continuó mostrando las salas mientras hablaba de su composición, estructura, mobiliario, lo decía todo con todo lujo de detalles.
-No sabes mucho de androides, ¿verdad Emilio? -preguntó Ricardo acercándose a Emilio. -¡Ni la más puñetera idea!
Siguieron andando por la mansión con el robot-guia. La primera planta era un sin fin de pasillos, salas, despachos, salones y cuartos de baño como les comentaba el androide. Emilio observó que había ciertos robots, como él los llamaba, detenidos en los pasillos dando la apariencia de estar desactivados. Se paró justo enfrente de uno muy próximo a él mirándolo cara a cara, el androide no hizo ni el más mínimo gesto, tenía una cara totalmente inexpresiva.
-Muchacho, ¿qué les pasa a esta máquina? ¿Por qué no se mueve? -preguntó Emilio.
-Sí tiene alguna duda o problema con el funcionamiento de los androides pregunte a mantenimiento -respondió secamente el androide de una manera impersonal.
Emilio se encogió de hombros, y dejando de mirar al androide del pasillo siguió con el recorrido. También se fijó en que no todos los androides eran iguales, aunque todos tenían apariencia humana se les notaba ciertas diferencias de tamaño, longitud de extremidades y demás. Emilio señalaba ciertos robots a Ricardo, y él los miraba extrañado no entendiendo por qué Emilio le hacía ésa indicación.
Dieron la vuelta a toda la planta volviendo al vestíbulo de la entrada.
-Por favor, si entran en este elevador interno podremos subir a la segunda planta -habló el robot solícito.
Los dos detectives pasaron dentro del elevador que ya tenía la puerta abierta, el androide entró junto con ellos. Emilio se sintió bastante molesto con la cercanía del androide. La puerta del elevador se cerró empezando a subir automáticamente con total suavidad y lentitud, era un elevador totalmente acristalado. Mientras subían los detectives veían todo el vestíbulo de la entrada con todo lujo de detalles, Emilio observó que había otros tantos elevadores en otros sitios del vestíbulo que solo llegaban a la planta superior ya que no había ninguna planta más por encima. También había dos escalera de mármol enormes que empezando por los lados del vestíbulo ascendían a la planta superior en una forma de abrazo circular. Cuando el elevador alcanzó la planta superior sonó una campanilla abriéndose la puerta, salieron los tres.
-Caballeros, por aquí por favor -habló el robot invitando a los detectives a que le siguieran.
Atravesando una puerta se introdujeron por un pasillo. La segunda planta era un sin fin de dormitorios y baños más refinados y completos que los de la planta inferior, también tenían distintos estilos y acabados, el lujo parecía no tener fin. Emilio y Ricardo estaban bastante abrumados por tanto lujo y decoración.
-Aquí te pierdes y no te encuentra nadie -comentó Emilio.
-Muchacho, ¿dónde dormían los señores? ¿Dormían juntos, separados? -preguntó Emilio. -Las habitaciones como las salas son de libre elección -respondió el androide mientras caminaba-. Los señores se dirigen a dónde les apetece, y luego los miembros del servicio les atienden.
-¿Discutían entre ellos, se llevaban bien? … ¿Se amaban?
Después de que Emilio realizase esa pregunta de improviso el androide se paró con las piernas juntas y el rostro inexpresivo, abría la boca y la cerraba levemente como queriendo encontrar las palabras. Emilio y Ricardo se sorprendieron por la reacción de la máquina asustándose ligeramente ya que la reacción no era muy humana.
-El comportamiento humano está fuera de mi capacidad y entendimiento, les ruego que esa clase de cuestiones las realicen a seres humanos -respondió el androide finalmente.
El androide siguió con la ruta, y Emilio sonriendo burlonamente empezó a sacar sus primeras conclusiones.
Como ocurrió en la planta inferior dieron la vuelta volviendo a la zona del vestíbulo dónde estaban los elevadores.
-Muchacho, prefiero bajar andando por la escalera -comentó Emilio, y sin esperar respuesta alguna del androide empezó a bajar peldaños.
El androide no dijo nada siguiéndole, Ricardo poniendo cara de pocos amigos fue el último en ponerse en marcha. Llegaron los tres al vestíbulo de la entrada.
-Bien señores, ésto es lo que hay en la mansión y ahora …
-Un momento muchacho … -cortó Emilio al androide, Ricardo le miraba desconcertado.
-¿Nos puedes llevar a ver las cocinas, servicio de mantenimiento y demás? -preguntó Emilio.
-Sí señor, por supuesto. No es habitual esta petición, pero también les puedo guiar. Acompáñenme -respondió el androide finalmente después de un abreve pausa.
El androide reinició el camino pausadamente, los detectives le siguieron.
-¿A dónde quieres ir a parar Emilio? ¿Para qué esta inspección? -preguntó Ricardo levemente desconcertado.
-Mira Ricardo. Creo que no fue un suicidio, no hay motivos para ello. Sí los señores fueron envenenados se lo tuvieron que tomar de alguna manera involuntaria. Debieron de beber o comer algo que no les despertase ninguna sospecha y que tuviese el veneno, así que debemos de conocer como funciona el servicio de cocina y los fogones de la cocina.
Emilio hizo una pausa, Ricardo agachó la cabeza pensativo.
-Además la autopsia de los cadáveres nos indica que los restos encontrados en el estómago correspondían a alguna clase de almuerzo o cena luego el veneno fue ingerido con esos alimentos o quizás con las bebidas que acompañaban.
El androide les llevó hasta el fondo de la mansión, allí había una puerta diferente a las demás. Cuando el androide se detuvo delante de ella la puerta se deslizó a un lado pasando los tres al interior. El habitáculo era una especie de montacargas poco glamuroso, cuando se cerró la puerta automáticamente comenzaron a descender. En pocos segundos se pararon, las puertas se abrieron saliendo primero el androide seguido por los dos detectives. Entraron por un intrincado laberinto de pasillos dónde se oía el ruido de maquinaria, eran las entrañas de la mansión. Finalmente llegaron a una gran sala que tenia todo el aspecto de ser la cocina. El androide entrando a la cocina se apartó a un lado quedándose quieto, Emilio y Ricardo entraron dentro de la cocina repartiéndose entre los fogones, repisas, mobiliario y demás. No había ninguna clase de actividad, solo vieron los elementos necesarios para el normal funcionamiento de la cocina, no había ningún androide. Emilio algo decepcionado le hizo una señal a Ricardo volviendo a la entrada de la cocina.
-Muchacho, ¿hay más cocinas aparte de ésta? -preguntó Emilio dirigiéndose al androide.
-Sí señor, las hay -respondió el androide . ¿Desea usted verlas?
-No, no, con esta me vale. Otro asunto muchacho, ¿cómo funciona el servicio y la cocina aquí?
-Para cualquier tipo de cuestiones o dudas sobre la logística de la mansión diríjase al departamento pertinente.
-Bien, bien, muchacho … bien. Ahora volvamos al vestíbulo.
El androide se puso en movimiento seguido por los detectives, y deshaciendo el camino anterior volvieron exactamente al punto de partida.
-Ahora señores acompáñenme al exterior de la mansión.
La puerta de la entrada se abrió sola saliendo el androide seguido poco después de los detectives. El androide con un gesto amable pidió a los detectives que se subieran a un vehículo pequeño que estaba situado justo enfrente de la entrada, los detectives accedieron. El androide-guía se subió al volante arrancando el vehículo eléctrico, poco a poco fue llevando el vehículo por los exteriores de la mansión. Mientras lo dirigía comentaba los pormenores de la hacienda. Era un lugar enorme, jardines, plazas, fuentes, merenderos, pequeños lagos incluso tenían un pequeño zoológico. Todo estaba perfectamente preparado para cualquier visita, los androides deambulan por la hacienda realizando sus tareas de mantenimiento. Una vez realizada la visita los tres volvieron al sitio de partida entrando en la mansión.
-Espero que el recorrido halla sido de su agrado. Deseo que tengan una estancia agradable en nuestra mansión, señores -habló el androide agachando la cabeza a modo de despedida.
Seguidamente el androide se retiró por uno de los pasillos quedando solos los dos detectives en el gran vestíbulo de la entrada.

-Bueno Emilio, ¿qué conclusiones sacas después de este enorme paseo? -preguntó Ricardo un poco cansado.
-Bueno Ricardo, creo que visto lo visto es normal lo que sucedió a los señores de Haro -respondió Emilio socarronamente.
-¿Normal? -exclamó Ricardo con un gesto de sorpresa.
-Sí, fijate.
Emilio girando sobre si mismo abrió los brazos intentado abarcar toda la mansión.
-Esta hacienda es enorme, ya dentro de la mansión el aislamiento es brutal y del aislamiento exterior ni hablemos. Está bastante claro que los robots no tienen ni idea de lo que ha pasado dentro de la mansión con los señores, siguen funcionando como si estuviesen todavía con vida. Estas máquinas creen que los señores han salido al exterior a alguna cita, éso indica que algún robot de la hacienda vio marchar los cadáveres creyendo que los señores se iban de viaje o a algún otro sitio. Creo intuir que un robot no sabe lo que es la muerte de un ser humano, aún así deberíamos de hablar con algún técnico experto en robots.
-Tenemos en el departamento algún que otro técnico que sabe sobre AN-DROI-DES –habló Ricardo remarcando cada sílaba de la última palabra-. Puedo contactar con ellos, pero ya sabes cuanto más sigilo tanto mejor.
-De acuerdo, de acuerdo, pero dejémoslo para más adelante.
Hubo un momento de silencio entre ambos, mientras Emilio miraba el lugar intentando encajar las primeras piezas de este intrincado puzzle.
-Deberíamos de volver a hablar con la secretaria para limar más pormenores de la vida de los señores –habló Emilio mirando a Ricardo-. Hábitos, amigos, citas, visitas y saber por qué durante diez días nadie apareció por la hacienda.
Emilio se quedó mirando para todos los lados.
-¿Dónde están las máquinas ahora? -se preguntó Emilio en voz alta.
-Emilio y Ricardo miraban a su alrededor sin ver a ningún androide, estaban solos en el vestíbulo.
-¡Ves! Cuándo necesitas un robot nunca aparece -comentó con rabia Emilio.
-¡Hola! ¿Hay alguien por ahí? ¿Alguien me escucha? -gritó Emilio.
Ricardo le miraba entre divertido y sorprendido, un androide apareció de uno de los pasillos dirigiéndose hacia los detectives.
-Aparecen desde cualquier lado -comentó Emilio.
-Dígame caballero, ¿qué es lo que necesita? -preguntó el androide deteniéndose solo unos pasos delante de ellos.
-Me gustaría hablar con alguna persona –habló Emilio-. ¿Se encuentra todavía la señorita Goribar en la hacienda? Me gustaría volver hablar con ella.
-Sí señor. Espere un momento que pregunto dónde está la señora y si puede recibirles.
El androide se quedo quieto unos momentos con la mirada perdida, los detectives no entendían lo que pasaba.
-Por favor caballeros, acompáñenme -habló el androide saliendo de una especie de estado de trance.
El androide comenzó a caminar hacía uno de los pasillos, Emilio y Ricardo con aspecto cansado y aburrido volvieron a seguir al androide.

El androide les llevo a la sala dónde se encontraba Beatriz. Era otra sala totalmente distinta a la primera con una decoración basada en la madera incluido el mobiliario, entraron los tres a la sala.
-Hola de nuevo, caballeros -saludó Beatriz-. ¿Qué tal la visita por la mansión? ¿Han conseguido llegar a alguna conclusión?
Beatriz que se encontraba más calmada que cuando la dejaron estaba sentada en una silla delante de la consola de la sala, apretó un botón de la consola apagando la pantalla. Se puso de pies e invitó a los detectives a sentarse en unos butacones de madera forrados por fuera que estaban en el centro de la sala.
-Sentémonos aquí caballeros, estaremos más cómodos. ¿Quieren lo mismo para beber?
-Sí, sí, por favor -respondió Ricardo mientras los dos se sentaban.
-Sebastián, una cerveza y agua para los señores y un té para mi como de costumbre, por favor -ordenó Beatriz al androide que se había quedado en la sala.
El androide se dio media vuelta y se marchó como en la vez anterior.
-¿Y díganme? ¿Qué creen qué fue lo que paso? -preguntó Beatriz con gesto de preocupación.
-Antes de llegar a conclusiones erróneas debemos de hacerla ciertas preguntas -respondió Emilio.
-Ustedes dirán qué es lo que quieren saber y en qué puedo ayudrles -habló Beatriz.
-Para empezar, ¿qué clase de relación tenían los señores entre ellos? ¿Dormían juntos? ¿Se amaban? ¿Discutían? -preguntó Emilio.
-Se amaban -respondió secamente Beatriz, se la notaba incómoda por la pregunta.
Emilio abriendo las manos y mirándola con los ojos abiertos volvió a incidir sobre las preguntas.
-¿Dormían juntos? ¿Cenaban juntos? ¿Estaban a menudo los dos en la mansión?
-Lo que queremos saber, señorita Beatriz, es que clase de vida marital llevaban los señores de Haro –intervino Ricardo cortando a Emilio la pregunta-. Aunque entendemos que le incomode esta clase de cuestiones debe de comprender que debemos de atar todos los cabos posibles.
Beatriz se notaba verdaderamente molesta con estas cuestiones.
-Lo entiendo, pero yo personalmente nunca he entrado en los asuntos de alcoba de los señores –Se quitó las gafas, se encontraba acalorada-. Tenía, ... bueno ...  sigo teniendo un contrato de confidencialidad sobre estos asuntos que se alargará durante diez años más. Las presiones que una tiene que aguantar de cierta clase de prensa son enormes.
Se quedó mirando a los dos investigadores, ellos se la quedaron mirando sin decir nada, Beatriz continuó.
-Delante mio nunca discutieron de nada, ni siquiera del trabajo. Yo venía aquí, y simplemente realizaba mis labores para después marcharme. –Se encontraba incómoda-. Nunca me preocupé de la vida intima de ellos o de lo que ocurría en las habitaciones, nunca vi discusiones de pareja ni nada por el estilo, no me interesaba.
-¿Qué clase de horarios tenían? -preguntó Emilio.
-Los que tenemos todos habitualmente, pero podían variar dependiendo de la clase de agenda que tuvieran.
-¿Familiares, amigos? -preguntó Ricardo.
-Los señores eran muy recatados en sus relaciones exteriores y por su posición desconfiados. No tenían mucho trato con otras personas incluso familiares, quizás era yo la que más tiempo pasaba con ellos.
-Tenían amantes alguno de los dos, o quizás los dos -Emilio interpeló.
-No, que yo conozca no.
Beatriz se removía en el asiento incómoda por las preguntas.
-¿En qué trabajaban cuándo fallecieron?
-Nada en especial, el trabajo habitual que tenían los señores.
-¿Solían trabajar en equipo? Sabemos que el señor diseñaba androides, y que se casó con una mujer que precisamente maneja una multinacional que fabrica androides.
-Por supuesto, el señor estaba metido de lleno con sus modelos de androides, solo vivía para ello. Los dos estaban encantados con el trabajo que tenían. La señora a veces desde la mansión, otras veces desde las fábricas, manejaba la empresa de manufactura de androides dando su aprobación o desaprobación para la fabricación de cuál o tal modelo. No trabajaban juntos en el sentido literal del término, no eran un equipo.
-¿Siempre fabricaban los modelos del señor? -preguntó Ricardo.
-Éso ya es un tema interno de la multinacional que manufactura los androides, deberían de hablar con ellos. Yo solo soy la secretaria personal. Conozco el trabajo de los señores, pero no de los resultados.
Emilio se cruzó de piernas  recostándose sobre la butaca quedándose pensativo. Cuando Emilio volvía a la carga con el interrogatorio el androide del servicio le cortó entrando con las bebidas, las repartió correctamente dejándolas encima de la mesa de madera que estaba en la sala. -¿Desea alguna cosa más, señora? -preguntó el androide que siempre se dirigía a Beatriz.
-Nada más, Sebastián. Puedes marcharte, gracias -ordenó Beatriz secamente, el androide se marchó.
Emilio siempre se sorprendía por estos diálogos con las máquinas, todo lo guardaba en su mente para posteriores preguntas.
-¿Qué me puede decir de esos diez días que estuvieron los cadáveres en la sala? ¿No vino nadie a ver lo que pasaba? ¿No llamó nadie? Permítame señorita que le comente que es muy extraño que nadie sospechase nada o que nadie se extrañase por la ausencia de los señores -razonó más que preguntó Emilio.
Beatriz antes de responder cogió la taza de té, la dio un par de vueltas con la cucharilla y tomo un sorbo, volvió a dejarla la taza sobre el platillo con un porte exquisito.
-Como le he comentado nunca se abre la puerta a personas que no tengan invitación. Si durante esos diez días alguien se hubiese acercado a la verja sin invitación se le hubiese dicho que concertase una cita con los señores para otro día. Las órdenes eran estrictas en ese sentido y no había nunca ninguna excepción, ni siquiera conmigo.
-¿Quién dictaba esas órdenes? -preguntó Ricardo.
-Los señores, por supuesto.
-¿Nadie comunicaba a los señores quién venia sin cita? ¿Quién llamaba? -preguntó Ricardo.
-No, nunca. Además los androides tenían instrucciones de no comunicar nunca nada a los señores.
Beatriz volviendo a coger la taza seguía bebiendo del té sorbo a sorbo. Emilio y Ricardo se miraban pensativos.
-Señora, ¿por qué los androides no dieron la voz de alarma sobre lo que pasaba con los señores? -preguntó Emilio perspicaz.
Beatriz se quedó con la taza en la mano, mirando a los detectives desconcertada.
-Pues … … no había caído en ello … …  no lo sé … no había pensado en ello … -decía Beatriz confundida- … no soy experta en androides … deberían de preguntar a alguien que supiese del tema -acabó respondiendo Beatriz alterada y nerviosa por la pregunta.
-Para acabar por el momento señorita Goribar –habló Emilio muy despacio –, ¿tenia usted alguna clase de relación íntima con alguno de los señores? ¿O quizás con los dos?
Ricardo empezó a beber de su vaso de cerveza totalmente impertérrito por la pregunta, le dio un buen trago. Beatriz poniéndose totalmente colorada por la pregunta tardó en responder.
-Yo tan solo soy la secretaria personal de los señores. Me dedicaba plenamente a mi trabajo y con total profesionalidad … -habló Beatriz con lágrimas en los ojos.
-Responda a la pregunta señorita Beatriz -intervino Ricardo interrumpiendo a Beatriz por sorpresa.
-¡No! ¡Con ninguno de los dos! -respondió Beatriz alterada.
Los tres se mantuvieron en silencio durante unos minutos, Emilio estaba pensativo, Ricardo miraba el lugar, Beatriz tenia la cabeza agachada con la mirada perdida en el suelo.
-Por ahora no tenemos más preguntas señorita Beatriz -habló Ricardo acabando con el interrogatorio.
Beatriz se puso las gafas y visiblemente molesta a paso rápido se fue de la sala, Ricardo y Emilio se quedaron solos. Emilio empezó a beber de la botella de agua, Ricardo apuraba su vaso.

-¿Qué piensas de esta mujer, Emilio?
Emilio se relajó en su butaca recostándose, se quedó pensativo unos momentos cogiendo aire.
-Creo que no tiene nada que ver en este asunto, podemos empezar a descartarla aunque tendré que indagar más sobre la vida de ella, puede que tenga más respuestas de las que cree -razonó Emilio en voz alta.
Los dos se quedaron un buen rato en silencio.
-Por cierto, ¿cuándo comemos? -preguntó Emilio-. Empiezo a tener hambre, creo que deberíamos salir de esta mansión e ir a almorzar a algún otro sitio aunque estemos lejos, luego volveremos.
Ricardo negó con la cabeza echando el último trago a su vaso.
-De eso nada amigo –habló Ricardo con una sonrisa amplia en la cara-. Nos quedaremos en esta mansión todo el tiempo que nos permita la ley, y ya sabes cuánto es. Te lo comenté, incluso nos quedaremos a dormir, si es que no solucionamos el caso antes. Está todo arreglado con la señorita Goribar, ella también se quedará hasta el final.
-¡Vaya! Entonces tendremos que hacerlo todo aquí, incluso ir al baño. ¿Por cierto, por dónde se va al excusado? ¿Lo sabes? -habló Emilio con cara de sorpresa.
-Pues mira si en esta casona no tienes baños … ja, ja, ja, ja … -empezó a reír Ricardo-. Sal al pasillo y pregunta a un androide, anda … ja, ja, ja, ja, ja.
Emilio se levantó del butacón saliendo afuera,  allí estaba un robot que le acompañó a uno de los baños.

Antes del almuerzo Ricardo y Emilio se encontraban en la cocina observando el movimiento de los androides. Emilio vio una oportunidad para conocer como funcionaba la organización de la cocina y el servicio de la mansión, y no la perdió. Los detectives se colocaron en la puerta de la cocina, lugar desde él que no molestaban, y desde dónde podían observarlo todo. Detrás de ellos y en apariencia desconectado se encontraba el androide-guía. Dejaron mucho espacio para que todo funcionase con fluidez, por otro lado Emilio observó que no había ningún otro ser humano en la cocina a excepción de ellos. Solo un fogón estaba siendo ocupado por un androide ya que no se necesitaba más para preparar el almuerzo para los tres comensales, Emilio, Ricardo y la señorita Goribar, que había accedido a almorzar junto con los dos detectives a pesar de los interrogatorios sufridos por parte de ellos.
Un androide que tenía una forma diferente a los demás estaba situado delante del fogón, tenía un gran control y precisión sobre lo que cocinaba. La zona central del fogón estaba compuesta por tres fuegos de distintos tamaños ocupados por distintas cacerolas, sartenes y ollas. La zona de la derecha del fogón estaba ocupada por distintos recipientes para realizar la comida que cada cierto tiempo eran rellenados por otro androide. La zona de la izquierda del fogón estaba ocupada por los alimentos crudos, una vez elaborado el plato era colocado en un armario situado en otro lugar de la cocina. Poco tiempo después, un androide del servicio retiraba el plato que era llevado a otros lugares para ser posteriormente servido entre los comensales. Ricardo lo miraba todo con cara de aburrimiento sin entender demasiado bien por qué estaban allí. Emilio no perdía de vista ningún movimiento de los androides. Cuando se acabó todo el movimiento en la cocina Emilio entró para hablar con el androide-cocinero. Se acercó a la maquina y tocándolo con el dedo en el hombro le preguntó.
-Muchacho, ¿de dónde rellenáis los recipientes? -preguntó.
El androide ni se movió del sitio, ni respondió. Emilio se fijó en la cara y se dio cuenta que no tenía una forma facial definida, no podía hablar, ni escuchar tan solo ver por esos ojos, si es que se podían definir como ojos. Emilio se arrascó la cabeza no entendiendo nada volviendo dónde estaba junto con Ricardo, finalmente el androide-chef se retiró del sitio con todo sigilo. Segundos después aparecieron cuatro androides que limpiaron de arriba a abajo toda la zona de trabajo.
-Muy interesante, muy interesante -masculló Emilio entre dientes.
Lo dejaron todo perfectamente limpio como si nada hubiese pasado allí. Emilio hizo un gesto a Ricardo retirándose de allí acompañados por el androide-guía que no se había movido desde que llegaron a la cocina. Minutos después llegaron a la sala donde se iba a celebrar el almuerzo, Beatriz todavía no había llegado.

-Caballeros, disfruten del almuerzo -dijo el androide-guía cuándo llegaron a la sala retirándose después.
Emilio y Ricardo no reconocieron la sala, había tantas salas en la mansión que hacía tiempo dejaron de contarlas. La sala no destacaba demasiado respecto a otras, era una sala pequeña en comparación con otras dominada en el centro por una mesa circular. Tenía tres servicios encima de la mesa para tres comensales con el mismo número de sillas, no había nada más en la sala. Mientras esperaban estuvieron dando pequeños paseos por el lugar mirando unos intrincados y extraños dibujos en la pared. Minutos después Beatriz entró acompañada por uno de los androides del servicio.
-Caballeros, gracias por esperarme. Han sido muy amables -habló Beatriz que les sonreía ampliamente, llevaba un vestido color azul mar algo más atrevido y ligero.
-Podemos sentarnos, ocupen ustedes primero los lugares que deseen en la mesa -solicitó Beatriz a los detectives muy amablemente.
Los dos detectives se sentaron con cierta torpeza ya que al no tener un sitio asignado no sabían muy bien que lugar ocupar, Beatriz ocupó el sitio que quedaba libre. Beatriz estaba radiante y con una enorme sonrisa, Emilio la miraba muy extrañado por los cambios de humor de la mujer. Empezaron a entrar androides del servicio que con una enorme precisión se repartieron por la sala empezando a repartir las viandas y a escanciar los vasos con lo que había pedido cada comensal. No les faltó de nada, la precisión y limpieza en su actuación fue absoluta.
Emilio se sorprendió por la tremenda calidad y exquisitez de los platos.
-Para ser hecho por un robot son unos platos magníficamente elaborados –comentó Emilio entre bocado y trago-. El vino es de lo mejor que he probado nunca.
Beatriz con unos modales tremendamente refinados le sonreía vivamente.
-Me alegra que le guste, señor Muñoz -comentó un momento después.
Ese pequeño comentario fue suficiente para entablar una animosa conversación entre Beatriz y Emilio. Ricardo también disfrutaba del almuerzo, pero el manejo de las mujeres era cosa de Emilio no perdiendo el menor detalle de la conversación. Charlando y charlando Emilio supo que Beatriz era hija de un militar fallecido en combate, la madre de ella peleó mucho para sacar a sus cuatro hijos adelante. No había conocido otro trabajo más que el de secretaria aunque Emilio llegó a la conclusión de que el trabajo que realizaba era bastante más amplio que el de una simple secretaria. Era soltera y no tenía hijos y por edad ya no los iba a tener. No quiso dar explicaciones sobre su vida sentimental, era algo que la turbaba. Entre plato y plato Emilio también contó pormenores de su vida personal y profesional, pero en algunos detalles supo callarse ya que no podía hablar de sus tejemanejes con los gobiernos de turno. Soltero, sin hijos reconocidos, y también sin intención de tenerlos, su trabajo de toda la vida había sido ser detective, y ahora trabajaba por su cuenta sin ninguna clase de seguridad en el futuro. Se sintió muy identificado con ella. Ricardo en silencio siguió observando. Beatriz le pidió a los dos algunos pormenores de la investigación, se la notaba muy interesada.
Los androides empezaron a servir los postres, café solo para Ricardo, fruta variada para Emilio y para Beatriz un té en una taza más grande que las anteriores. Emilio siguió hablando mirando la fruta que sujetaba con una mano como buscando la inspiración en la piel de esa manzana roja sin mácula alguna, Beatriz como siempre bebía de su taza sorbo a sorbo mientras escuchaba. -Pensamos mi compañero y yo que el envenenamiento se produjo en algún momento durante la elaboración de los platos o durante su posterior traslado –habló Emilio-. Hemos descartado el suicidio ya que no encontramos motivos para ello.
Beatriz tenia los ojos abiertos como platos mirando embelesada a Emilio, Ricardo observó con ojos de sorpresa el comentario de Emilio ya que él no sabía nada de ese razonamiento.
-Creo que será difícil encontrar pistas concretas de cómo sucedieron los hechos ya que los robots lo limpian todo como la patena no dejando rastro de nada. Lo he observado en la cocina, y supongo que lo mismo ocurrió con la sala dónde encontraron los cuerpos de los señores. A parte que mis conocimientos sobre robots es nulo, esa parte probablemente la trabajaré junto con Ricardo a la tarde desde alguna de las salas realizando alguna video llamada -habló desviando su mirada a Ricardo.
-Tienen la mansión a su entera disposición, cualquiera de los androides de servicio le indicará como se usan las consolas -respondió Beatriz.
-De todas formas señorita …
-Por favor, llámeme Beatriz … Emilio … -cortó dulcemente Beatriz.
-De acuerdo … Beatriz … -respondió Emilio mirando a Beatriz con una sonrisa, Ricardo le miraba como diciendo “¡Ya empezamos!”.
Hubo unos minutos de silencio mientras los tres apuraban el postre.

Al acabar los postres los androides retiraron toda la cubertería no dejando absolutamente nada sobre la mesa, posteriormente se retiraron dejando a los tres comensales solos. Emilio preguntó a Beatriz sobre la manera de manejarse con los robots, Ricardo seguía en silencio observando.
-Bueno, Emilio –respondió Beatriz muy animada-. El señor de la casa, Marcelo Trietse, me enseñó que las ordenes debían de ser claras y concisas. Las frases deben de ser simples cómo si se hablara a un niño pequeño de unos siete años, y que la educación aunque hablase con androides no estaba de más.
Emilio se quedó pensativo por la información de Beatriz. La comentó sobre los distintos tipos de robots, siguió insistiendo sobre esa palabra, que había en la mansión.
-Los modelos de cada androide, que es como se denominan, cumplen cada uno con su función. Dependiendo de su trabajo se les construye de una manera u otra.
-¿Fabricaba aquí sus propios modelos de androides el señor? -preguntó Ricardo que había salido de su silencio.
-No, no los fabricaba, solo los diseñaba para después pasar todos los modelos a la señora que los enviaba a su empresa -respondió Beatriz muy seca.
-¿Usaban aquí los prototipos de rob … androides diseñados por el señor? -preguntó esta vez Emilio.
-No lo sé –respondió Beatriz quedándose pensativa-. Las cuestiones de fabricación y distribución es trabajo de otras personas con las que yo no tengo ninguna clase de relación. Deberían de contactar con otras personas, pero creo que les puedo proporcionar los informes necesarios que intercambiaban la empresa con la señora y viceversa.
Emilio y Ricardo se miraron dando por concluida la charla, se levantaron los dos a la vez. -¿Se van ya? -preguntó Beatriz sorprendida.
-Sí Beatriz. Debemos ir a descansar para luego ir a una sala y empezar a hacer alguna llamada para seguir indagando sobre robótica. Nos vendría muy bien esa información sobre la empresa de la señora, y también sobre el registro de visitas de los últimos treinta días a la mansión de los señores. Si eres tan amable -pidió Emilio.
-Con la información de la empresa y la señora no hay ningún problema, pero los registros de las visitas siempre son borrados -habló Beatriz levantándose de su asiento con una enorme sonrisa.
-¿Por qué? -preguntó Emilio.
-Lo ordenaban los señores, total era absurdo guardar esa información. No se hace ninguna clase de lista con ellos -respondió Beatriz con ingenuidad.
-Vengan, yo les llevaré a una de las salas -invitó Beatriz que salió por la puerta de la sala de banquetes.
Ricardo se acercó a Emilio poniéndole la mano encima del hombro.
-¡Siempre serás un cabronazo con las mujeres! ¿Así que estabas oxidado, eh?
Emilio sonreía por el comentario saliendo los dos de la sala siguiendo a Beatriz que había salido muy rápido.

Los detectives dejaron pasar unas cuantas horas para descansar convenientemente cada uno por separado. A eso de las seis de la tarde estaban los dos sentados enfrente de una consola de una de las salas de la mansión que les había enseñado Beatriz con anterioridad. Para evitar problemas con el manejo de la consola un androide se encargaba de la conexión. Beatriz les dio los informes necesarios de la empresa de la señora y de los androides fabricados anteriormente solicitados por Emilio que los dejó encima de la mesa de la consola..
-¿Qué? ¿Empezamos ya? -preguntó Emilio.
-Por mi parte ningún problema -respondió Ricardo.
-Androide, contáctanos con esta dirección. Después márchate, ya te volveremos a llamar si es necesario -ordenó Ricardo al androide.
-Sí, caballero -respondió el androide.
Poco tiempo después de la conexión la pantalla se iluminó apareciendo una persona tremendamente joven del departamento de policía, Emilio se quedó asombrado de su juventud.
-Conexión realizada -dijo el androide que levantándose del asiento se marchó.

Comentarios

  1. Buenísimo relato Manu...Felicidades...!!! Haciendo fila para la siguiente entrega, besitos, per-fec-tos ;)

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