Espejos. Capítulo 8.

Espejos.

Capítulo 8.

Infiltraciones.

Una mujer de rostro envejecido se veía en la pantalla.
-La situación es verdaderamente complicada en la Central -habló con tono severo-. Deberás dejar por un momento la misión, y regresar aquí cuánto antes para poder ayudarnos a encauzar lo sucedido. Debemos de parar esta situación en el menor tiempo posible, hemos cancelado las misiones de todos los agentes para poder enfrentarnos a esta terrible amenaza. Pensamos que tenemos una quinta columna dentro de la central y debemos de saber de dónde proviene todo esto.
-Rompería el protocolo si le dejase aquí abandonado -respondió Aedeon-. No está preparado para enfrentarse al enemigo si este le localiza, demasiada suerte hemos tenido con encontrarle. Sabe demasiado de lo que ocurre con los transportadores, y aunque ha avanzado mucho no es suficiente. Sería peligroso para él y para nosotros dejarle en este universo. Te recuerdo que no es el lugar más apropiado para que pueda quedarse solo, y que además no sabe manejar todavía el espejo, el transportador quería decir. Así que si por alguna circunstancia toca el transportador se perderá aleatoriamente por cualquier universo, y nos costará mucho dar con él con el consiguiente peligro de que caiga en manos del enemigo.
Hubo un tenso silencio entre las dos mujeres que se alargó unos momentos, parecía que estuviesen evaluando la situación al otro lado de la pantalla de Aedeon.
-Sabemos que se sale del protocolo, pero a situaciones excepcionales medidas excepcionales -habló la mujer de la pantalla-. Debemos de solucionar lo que ocurre en la Central así que déjalo todo allí este momento y vuelve ahora, es una orden. Se trata de una decisión del Consejo.
-De acuerdo, así lo haré -respondió secamente Aedeon.
La conexión entre las dos se cortó.
Aedeon se quedó unos momentos mirando la pantalla, se encontraba furiosa. Aún así acató lo que la mandaban, ya habrá tiempo de pedir explicaciones. Levantándose del asiento se dirigió a uno de los cajones de la sala de su domicilio de dónde sacó una especie de tableta electrónica. Después se dirigió a otra de las habitaciones dónde se encontraba un espejo similar al que tenía Antonio. Tecleó en la tableta unas órdenes activándose momentos después el espejo, se colocó delante del espejo, y desapareció instantáneamente después de un resplandor blanco brillante sordo. Para un observador fuera del alcance del transportador que hubiera observado el movimiento le habría parecido que la persona había sido engullida por el espejo. Después de todo ésto el espejo se quedó opaco, ya no devolvía ningún reflejo. Otro espejo había sido neutralizado.

Habían transcurrido ya varias semanas desde que se despidiese Aedeon, y Antonio se encontraba tremendamente preocupado. No sabía qué era lo que ocurría, tampoco sabía que era lo qué tenía que hacer ya que una situación cómo ésta no la habían hablado. Además no tenía ningún otro medio de contacto con ella ya que era ella la que se encargaba de las reuniones, cuándo y dónde. Empezó a buscar en las bases de datos que encontraba en ese mundo alguna referencia a ella, no halló nada. Intentó contactar con alguna persona de ese mundo para tener algún contacto más, pero extrañamente nadie respondía a sus llamadas, ni siquiera le abrían la puerta de sus domicilios. Finalmente en un acto de desesperación, se decidió a salir a la calle para intentar encontrarla en un vano golpe de suerte. Volvía exhausto a casa y descorazonado, días después abatido dejó de salir a buscarla, se quedó en la casa permanentemente.
Pasaron los días sin novedad, y sin Aedeon, Antonio estaba apenado. De alguna manera ese día encontraba en la habitación del espejo contemplándolo. Veía su reflejo y entendía porque se producía toda esa ondulación en la imagen, sentía la potente atracción que le venía del objeto a la que él se resistía. Sabía lo que ocurriría si tocaba la superficie del objeto, se perdería por cualquier universo desconocido para él sin casi ninguna probabilidad de que le encontrasen quién quiera que fuera en su búsqueda. La tentación era grande para poder irse por cualquier parte, pero solo la espera a su guardiana le frenaba. Frustrado por todo y por la soledad en la que se encontraba decidió darse la vuelta y salir de la habitación, pero cuándo salía por la puerta el espejo se activó. Regresó tras sus pasos quedándose a contemplar el espejo. Observó que su imagen desaparecía del cristal devolviendo el espejo un resplandor azulado totalmente distinto a lo que él hubiese experimentado anteriormente.
-¿Que es lo qué ocurre? -pensó-. No he tocado el espejo, ¿por qué se activa de esa manera? No entiendo nada.
Haciendo acopio de valor se quedó en la habitación para lo qué tuviese que pasar. El color azulado que salía del espejo abarcaba toda la habitación, y en un instante hubo un destello potente de dicho color sin ninguna clase de sonido. Se quedó deslumbrado por la ráfaga tapándose la vista con un brazo, después el espejo volvió a la normalidad aunque él no lo notase. A medida que iba recuperando la visión observó que se había materializado una persona delante de él, pero todavía no podía distinguir ningún rasgo concreto.
-¿Quién eres? -preguntó-. No veo nada.
La figura se apartó un par de pasos de él permaneciendo en silencio, Antonio seguía ligeramente deslumbrado intentado palpar algo a su alrededor. Sin darse cuenta se aproximó peligrosamente al espejo, antes de tocar el objeto la persona que estaba a su lado le apartó de un empujón. Antonio notó la fuerza del empujón y se preparó para lo peor.
-¿Quién demonios eres? -volvió a preguntar.
Estaba apoyado con la espalda en la pared intentando ver quién era el ser que estaba delante suyo. A medida que iba recuperando la visión pudo observar a su visitante. Miró de arriba abajo y de abajo arriba sin apenas reconocer quién era. Se encontraba asustado, rodeado, contra la pared, y con un desconocido que por lo qué llegó a comprobar era más fuerte. Después de unos minutos volvió a ver con normalidad, pero no reconoció a la mujer que tenía delante.
-¿Quién eres tú? -preguntó Antonio-. ¿De dónde vienes?
Antonio miraba al espejo y a la mujer intentando encontrar respuestas, pero ella no decía ni palabra. Después de unos tensos momentos ella decidió dar unos pasos colocándose delante de él. Él la miraba confundido. Era una mujer madura de mirada serena, pelo color negro con alguna cana y facciones redondeadas. Le recordaba ligeramente a Aedeon, pero él la recordaba más joven.
-¿No me reconoces? -preguntó la mujer.
-No -respondió Antonio-.
La mujer no tenía ni la más mínima expresividad en su rostro, miraba a Antonio muy segura de sí.
-Por lo menos te acordarás de ésto -dijo finalmente la mujer besando a Antonio en los labios.
Cuando ella separó su boca de la de él, Antonio se apartó de ella horrorizado. Dio ciertos traspiés por la habitación saliendo como un poseso fuera. Ella se quedó mirando su reacción sin ninguna clase de sorpresa por su parte, miró al espejo y salió andando pausadamente de la habitación.

Empezó a buscar a Antonio por la casa como el que busca a alguien jugando al escondite. Pasado un rato le encontró en la sala principal, estaba viendo la pantalla de olovisión sin hacer el más mínimo caso a lo que ocurría a su alrededor. Ella se sentó en la otra butaca mirando hacía Antonio, él se encontraba asustado como un niño que ve un fantasma. Saltaba de un programa a otro intentando evadirse del momento.
-Tuve que marcharme urgentemente dejando el espejo que yo utilizaba inutilizado, por éso regresé a este universo a través del tuyo -habló ella con voz madura.
Antonio no hizo el más mínimo caso, seguía ignorándola.
-Tuvimos un serio problema en la Central, me ordenaron volver urgentemente para solucionar el grave problema de infiltración que teníamos. Perdimos a muchos agentes por dicha infiltración, yo estuve a punto de perder la vida varias veces. Ahora la situación es mucho más seria y peligrosa que hace … no sé ¿cuánto tiempo ha pasado para ti en este universo? -preguntó ella.
Antonio escuchaba, pero no hizo el más mínimo comentario.
-Vamos, Antonio. Ya te expliqué que el tiempo siempre avanzá hacía adelante, pero a distinto ritmo en cada universo. Entiendo que estés asustado, pero soy yo … Aedeon -terminó de hablar con un tono dulce de voz.
Pasaron unos momentos de silencio.
-Han transcurrido cuarenta y dos días desde que te saliste de aquí -respondió Antonio con cierto tono de angustia en sus palabras.
Aedeon dejó pasar unos minutos para que se tranquilizara. Finalmente Antonio giró la butaca y se quedó mirándola cara a cara. La observó de arriba a abajo, creyó ver en ese rostro inexpresivo a esa mujer que tanto le encandiló tan solo hace unos días.
-¿Qué sucedió? -preguntó Antonio.
-Resumiendo mucho lo ocurrido, ciertos elementos de nuestra organización que creíamos leales estaban del lado de nuestros rivales -explicó Aedeon-. Llevaban mucho tiempo infiltrados en nuestra organización, cuándo se empezó a detectar ciertos problemas se activó la alarma. Ésto nunca había sucedido antes, era la primera vez que nos hemos visto seriamente amenazados. Tuvimos que sacrificar mucho para llegar a limpiar a fondo todo el organigrama y ver hasta dónde llegaba la amenazaba.
Unas lágrimas empezaron a rodar por el rostro de Aedeon, Antonio la reconoció finalmente cuándo esto sucedió. Era un lloro sereno y sin estridencias, tan típico de ella.
-Varios de los seres que creíamos más fieles resultaron ser confidentes del enemigo -explicó Aedeon-, incluidos ciertos miembros del Consejo. En mi caso me ha tomado varios años de mi vida el poder acabar con toda la operación junto con más compañeros, otros seres simplemente murieron de viejos, a otros los mataron. No tienes todavía el suficiente conocimiento para que te pueda explicar todo lo ocurrido.
Antonio la miraba sorprendido por la explicación y por lo qué veía.
-¿Qué ocurrió con los traidores? -preguntó Antonio.
-Apresamos a todos los que pudimos hasta que no quedó nadie, tardamos mucho tiempo. Los que pudimos juzgar fueron severamente castigados, los desterramos, creo que ya sabes cómo. Algunos otros desaparecieron, creemos que volvieron con el enemigo.
-¿Y ahora qué? -preguntó Antonio.
Aedeon se quedó pensativa unos momentos.
-Creo que tendré que trasladarme a vivir aquí -habló Aedeon-, si es que te parece bien, claro. Tenía un transportador dónde vivía, y cuándo tuve que marcharme lo inutilicé. ¿Qué te parece que vivamos los dos juntos?
Antonio se quedó sorprendido por el ofrecimiento.
-Bien, bien … me parece bien -respondió con cierto sonrojo por su parte.
-De acuerdo, entonces. Iré trasladando todos mis enseres de este sitio aquí, ya nos arreglaremos entre los dos. ¿No te parece? -concluyó Aedeon.
El traslado de todos los enseres de Aedeon duró varios días, Antonio se sorprendió de todos los efectos personales que poseía. Se repartieron la casa a la mitad menos la habitación del espejo que serviría para seguir con su preparación, dormirían en habitaciones separadas “para evitar equivocaciones y malas interpretaciones”, en palabras de Aedeon.

Antonio que al principio se las prometía muy felices, al pasar de los días se dio cuenta que seguían con su rutina habitual de adiestramiento. A media que aumentaban sus conocimientos se empezó a realizar ciertas preguntas que hacía que se plantease su situación en toda esa quimera.
-¿Quién fabricó los espejos? -preguntó Antonio mientras miraban el transportador.
-Los transportadores estaban ya repartidos por todos los universos conocidos antes de que existiésemos nosotros o incluso antes que los encontrase el enemigo -respondió Aedeon-. Desconocemos que raza de seres fabricó esos instrumentos, ni cuándo, ni dónde. Nadie en estos momentos puede replicar semejante tecnología, tampoco sabemos dónde están y si ni siquiera existen. ¿Se exiliaron? ¿Se extinguieron? ¿Evolucionaron a alguna clase de plano existencial? No lo sabemos, puede que alguna de las razas que existen en los universos sean los legítimos herederos de ellos, pero su memoria se ha perdido en el tiempo. No hemos encontrado absolutamente nada en ningún universo que nos indique quienes fueron sus viejos dueños, puede que algún día reaparezcan reclamando su tecnología. La forma que tienen los transportadores es simplemente la que dejaron, tú los llamas espejos porque te recuerdan a ese objeto. Tienen diversos nombres dependiendo del universo y la raza, nosotros los llamamos transportadores.
-¿Solo sirven para trasladarse por los universos? ¿No tienen otra función?-volvió a preguntar Antonio.
Aedeon demoró la respuesta.
-Hemos hecho muchos experimentos con los transportadores, y la verdad no hemos conseguido demasiado -respondió Aedeon con tono didáctico-. Solo nos transportamos gracias a ellos, y poco más. Esta especie de tableta electrónica la fabricamos nosotros, y nos sirve para controlar ciertas funciones del transportador. Hay quién piensa que se puede utilizar para trasladarse por distintas dimensiones, pero no han logrado nada.
Aedeon le dejó la tableta a Antonio, él la miró con mucha curiosidad.
-¿Que es lo que pretendéis de mi? -preguntó Antonio mientras jugueteaba con la tableta.
Aedeon se le quedó mirando reflexiva, de la pocas veces que esa mujer le miraba. Antonio se turbó. Aedeon con un gesto le invitó a seguirla, los dos salieron de la habitación del espejo y se dirigieron a la sala principal, se sentaron en los butacones.
-Creo qué llegó el momento de decírtelo -respondió Aedeon-. Te estoy enseñado todo ésto porque cuándo regreses a tu universo te encontrarás con estos seres, intentarán recuperar su transportador, y vete a saber qué es lo que te querrán hacer. Debes de estar preparado para todo ello, para tu desgracia has caído en esta guerra sin pretenderlo. Mañana empezaremos a viajar por el espejo para que te vayas familiarizando con su uso. Tengo otra tableta electrónica en caso de rotura o pérdida. No las llamamos así, pero en tu caso puede ser válido.
-Bien, bien … me parece bien -respondió Antonio con cierto tono de angustia en la voz.
-¿Por qué no empezamos ahora? -volvió a preguntar.
-Ahora debemos de descansar, yo me retiro a mi habitación. De paso prepararé las tabletas para mañana, necesitan de ciertos ajustes -habló con cierto tono de cansancio Aedeon.
Aedeon cogió las dos tabletas con suavidad, se levantó del asiento y mesando con cariño el cabello de Antonio se retiró. Él se la quedó mirando con una sonrisa en la cara.
-Que descanses, yo me iré más tarde -habló Antonio.
Se quedó en la sala pensativo con todo lo que le había contado Aedeon. Poco a poco empezó a hilvanar ciertos cabos de cuál era su situación, y la de todo lo que le rodeaba.

Tal y cómo Aedeon dijo al día siguiente empezaron a trasladarse por distintos universos por medio del transportador. A medida que pasaban los días y las semanas visitando nuevos universos Antonio se encontraba cada vez más turbado y confundido. La variedad de universos con realidades alternativas era incesante, se llegó a preguntar cuántos universos podría visitar sin perder la cuenta.
-¿Cuántos universos has visitado? -preguntó Antonio mientras tomaba el sol.
-No lo sé, no los cuento y tampoco me importa -respondió Aedeon ligeramente irritada.
Los dos se encontraban en otro universo tumbados desnudos en una playa de arena blanca y aguas cristalinas, estaban los dos solos. Un sol apenas brillante bronceaba sus cuerpos mientras una marea casi muerta llegaba a la costa.
-Podemos elegir este lugar como nuestro lugar de vacaciones -comentó Antonio.
-¿Qué es eso de lugar de vacaciones? -preguntó Aedeon sorprendida.
-Un lugar de ocio dónde poder relajarse y olvidarse del mundo real. Pasárselo bien, disfrutar, cargar las pilas, ya sabes. No es mala idea, en vez de ir a una playa de tu mundo te diriges a otra playa de otro universo, y vuelves como nuevo a casa dispuesto a pelear contra el cosmos.
-¡Menuda pérdida de tiempo! No estamos para descansar, ni para tener … -la alarma de la tableta de Aedeon empezó a sonar interrumpiendo la charla.
Ella se incorporó agarrando la tableta mirando cuál era el problema, apagó la alarma y rápida se puso de pies.
-¡Debemos de marcharnos de aquí ahora! -gritó con el rostro grave mirando a Antonio mientras ella cogía la ropa.
Antonio se incorporó de un bote sin rechistar, y los dos vistiéndose deprisa y corriendo salieron de la playa sobre la marcha. Andando aceleradamente atravesaron el paseo que rodeaba la playa por dónde paseaba la gente, llegaron al pueblo. Aedeon se detuvo en una plaza abierta mirando a su alrededor mientras Antonio detrás de ella la observaba sin entender.
-¿Qué es lo que ocurre? -preguntó Antonio que se había pegado a ella.
Aedeon siguió mirando, poco a poco empezó a andar seguida de Antonio.
-Están aquí -respondió susurrando Aedeon mientras observaba.
-¿Quiénes? -replicó Antonio casi sin entender.
Aedeon se paró en seco mirando sorprendida a Antonio, él chocó levemente con ella despistado.
-¡Quiénes van a ser! El enemigo, nuestro rivales -respondió finalmente Aedeon.
-¿No tienen nombre? -preguntó Antonio-. ¿Cómo los llamáis? No tengo ni idea de quiénes son ni del aspecto que tienen, no sé lo que hay que hacer. Nunca me has dicho qué debería de hacer en estos casos.
Aedeon no respondió, tenia otras cosas en la cabeza en ese momento. Le dejó de mirar y siguió andando con cautela, Antonio la seguía. Atravesaron varias calles con paso lento, Antonio se dio cuenta de que volvían al transportador. Cuando se asomaba Aedeon por una esquina entre dos calles miró hacía uno de los lados, inmediatamente dio unos pasos atrás arrastrando a Antonio. Los dos se pegaron a la pared, Antonio actuaba al igual que Aedeon sin decir una sola palabra. Ella buscó algún lugar dónde esconderse, y finalmente se metieron en una tienda de electrónica.
-¡Buenos días! -habló una máquina que hallaron dentro-. ¿Qué es lo que buscan? Aquí pueden encontrar …
Aedeon se escondió y se quedó mirando a través de los cristales a la calle, no hizo el menor caso a la máquina. Antonio embobado se entretuvo mirando algún que otro cacharro. Poco después y bajando por la acera pasaron dos personas extrañamente iguales, Aedeon totalmente alerta las observó mientras andaban. Pegando un codazo a Antonio le forzó a mirar por la cristalera. Antonio sobresaltado por el pequeño golpe miró, y lo que llegó a observar le hizo ponerse los pelos de punta. Quiso hablar pero Aedeon poniéndole la mano en la boca le ordenó que no dijeses nada, tan solo que mirase. Poco tiempo después de que los dos seres pasaran de largo Aedeon abrió la puerta de la tienda asomándose levemente. Observó que los dos seres seguían su camino con la mirada al frente, imperturbables. Agarró el brazo de Antonio, y salieron de la tienda casi a la carrera en dirección contraria a la de los dos seres. Aedeon veloz, arrastraba del brazo a Antonio que a duras penas podía seguirla. Llegaron finalmente a la puerta del edificio parándose en seco, Aedeon apenas jadeaba mientras que Antonio estaba sudoroso y fatigado.
-Debemos de proceder con cautela -habló Aedeon a un Antonio jadeante.
Aedeon abrió la puerta con prudencia mirando al interior de la entrada, no observó nada extraño. Mientras tanto Antonio en un acto reflejo miró hacía atrás, observó a esos dos seres que parecían humanos andar hacía ellos con el paso más acelerado, pero sin correr con la mirada fija en ellos.
-¡Vienen! -gritó Antonio a Aedeon.
Ella sin mirar atrás cogió a Antonio del brazo introduciéndole con violencia dentro del edificio, se dio media vuelta y cerró la puerta de una manera que a Antonio le pareció extraña.
-Éso les entretendrá un buen rato -habló Aedeon a un Antonio que no entendía nada de lo que había hecho.
Empezaron lo dos a subir las escaleras de madera del edificio, a cada paso que daban crujía el suelo a sus pies. Aedeon subía la primera seguida por un más que asustado Antonio, de vez en vez ella se asomaba al hueco de la escalera mirando arriba y abajo con gravedad. Al llegar a la segunda planta empezaron a oír golpes en la puerta de entrada.
-¡Ya están aquí esas bestias! -gritó Aedeon-. ¡Vamos! ¡Más deprisa! El transportador está arriba del todo.
Los dos iniciaron una subida desesperada y a la carrera por la escalera sin contemplaciones. Escucharon un ruido de cristales rotos y madera, habían destrozado la puerta de entrada del edificio. Sus pasos se les escuchaba por el hueco de la escalera, no temían a nada ni a nadie
-¡Ya están dentro! ¡Vamos! -volvió a repetir Aedeon con voz agria.
Antonio subiendo con el corazón en la garganta detrás de Aedeon se asomó para ver quién les seguía, y su mirada coincidió con la de uno de sus perseguidores que también se estaba asomando al hueco de la escalera. A la carrera alcanzaron el último rellano, Aedeon se paró delante de la puerta del piso dónde estaba el transportador abriéndola y entrando como una fiera. Esperó a que entrase Antonio que estaba algo más rezagado, le agarró de la misma forma a cómo le agarró abajó ayudándolo a entrar tirando violentamente de él. Cerró la puerta de un portazo, y volvió a manipular la cerradura.
-¡Ve a tu habitación y recógelo todo! -ordenó Aedeon ofuscada.
Antonio casi asfixiado se dirigió hacía su habitación, entró y comenzó a coger lo más imprescindible tal y cómo le había enseñado Aedeon.
-Señor Tuinwe, ¿le gusta nuestro espejo? -preguntó el anticuario que se encontraba dentro de la habitación.
Antonio se quedó mirando hacía donde venía esa voz encontrando la figura del anticuario, se quedo paralizado de la impresión con sus objetos en la mano. El anticuario con esa típica enorme sonrisa se dirigía hacía él extendiéndole la mano a manera de saludo, llevaba su ropa normal con sus ademanes normales. Antonio creía vivir en un sueño, un mal sueño.
-Creo que ha tenido algún problema con el uso de su espejo, podemos ayudarle a solventar los problemas que tenga. Para ello debemos regresar a nuestro lugar de origen, pero no se preocupe ya vienen a ayudarnos. Todo saldrá de maravilla -habló el anticuario mientras se aproximaba a Antonio.
Antonio estaba paralizado mirando a aquel hombre como si estuviera viendo algo irreal, escuchaba sus palabras sin entender qué hacía ahí. Empezó a escuchar unos tremendos golpes en la puerta de la casa.
-Ve, ya están aquí mis ayudantes, como en su mundo -habló el anticuario.
El anticuario acabó de aproximarse a él agarrándole de la mano, Antonio sintió como un frio glacial le subía por el brazo quemándolo. Notó como su cuerpo se debilitaba, los utensilios que sujetaba los dejó caer al suelo presa de una gran endeblez. Las rodillas se le doblaban mientras su cuerpo iba cayendo al suelo con suavidad, se sentía dormir. Solo veía la cara del anticuario enfrente suyo. Cuando casi estaba tirado en el suelo Aedeon entró en la habitación.
-¡Vamos Antonio! … ¡Antonio! -chilló Aedeon alarmada al ver la situación.
El anticuario al escuchar esas palabras soltó a Antonio, se giró y miró a Aedeon con una cara que no era humana. Antonio al soltarse del agarre del anticuario sintió que le volvía la vida. El anticuario olvidándose de Antonio se abalanzó sobre Aedeon con un grito animal, ella le esquivó el ataque dejándole pasar lanzándole contra la pared. El anticuario al golpearse contra la pared se quedó ligeramente aturdido por el topetazo momento que aprovechó Aedeon para asestarle un golpe en la cabeza con una barra de metal de una lámpara de pie que había en la habitación dejándole inconsciente en el suelo. La escena sucedió en apenas treinta segundos, Antonio estupefacto no sabía que hacer.
-¡Recógelo todo y vayamos al transportador! -gritó Aedeon mientras seguían escuchándose unos tremendos golpes en la puerta que había empezado a ceder.
Antonio aterrado recogió del suelo todo lo qué pudo mientras no perdía ojo al anticuario, o lo que quedaba de él. Aedeon recogió su bolsa que la había soltado durante la pelea, después ayudó a Antonio a recogerlo todo, y agarrándolo con violencia se lo llevó en dirección al espejo. Él sin darse cuenta la agarró de la cintura notando cierta humedad, al llegar al lugar dónde estaba el espejo y mientras Aedeon marcaba la dirección se miró la mano, era sangre. La puerta del piso se abrió con gran estrépito entrando sus perseguidores, Antonio giró la cabeza viendo cómo los buscaban por la casa. Escuchó un alarido espantoso cuándo entraron en la habitación dónde habían dejado al anticuario malherido. Sin darse cuenta de la situación el espejo se activó tragándose a los dos. Salieron de ese universo alejándose de sus perseguidores, por el momento.

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