Viaje con nosotros.

Mi escritorio.

-¡Aaaaayyyyyy, Manolo! Mira el Mercurio … mira el Júpiter -chillaba Lola mientras pasaba las páginas por la pantalla de su portátil viendo viajes y destinos a ciertos lugares del Sistema Solar.
-¿Cuándo me vas a llevar de vacaciones? Recuerda que no fuimos de viaje de novios. ¡Mira! El Saturno y sus anillos, vamos decídete hombre -habló Lola a Manolo con voz de ruego mientras miraba la olopantalla sin hacer demasiado caso a su mujer bebiéndose el último trago de lo que quedaba de su vaso de cerveza.
-Mira las ofertas que tienen. Vacaciones en el Marte … Visite los planetas interinos … Crucero por la lunas galilealeanas … o algo asín … Viaje de novios a los anillos del Saturno y alguna de sus lunas como Titan.
Lola literalmente chillaba a su marido Manolo que rascándose con la mano su barriga cervecera no la hacía ni el más mínimo caso. Manolo se enderezó un poco, y estirando el brazo colocó el vaso en el mueble bar. Automáticamente del sifón cayó un chorro de cerveza bien fría. Cuando el vaso se llenó Manolo lo retiró volviendo a una postura más relajada, se encontraba absorto mirando el partido de soft-ball.
-Pero que equipo más malo tenemos este año –masculló entre dientes con voz ronca-. Pero que mal juegan, este año no vamos a hacer nada de nada.
-¿Decías algo, Manolo? ¿Qué no vamos a qué? ¡Mira esto! -comentó Lola.
Con un gesto en el portátil Lola cambió la imagen de la olopantalla mostrando un crucero estelar con todo lujo de detalles y las ofertas del viaje. Manolo sin inmutarse cogió el mando de la olopantalla y cambió el canal volviendo al partido que estaba viendo, no dijo ni la más mínima palabra ni siquiera se alteró. Cogió el vaso de cerveza y le dio un buen trago, la saboreo bien y siguió viendo el partido.
-¡Pero que malos son! … ¡¡Redios!!
Lola ni se molesto lo más mínimo por el comportamiento de su marido y continuó tecleando en el portátil con frenesí viendo las ofertas de viajes espaciales con los tremendos cruceros estelares que enseñaban. Estaba obsesionada con hacer un viaje por el espacio ese como ellos dirían.
Como si no hubiese sucedido nada Lola se acurrucó al lado de su marido acariciándole la barriga.
-Enga … Vayámonos de vacaciones a ver algún planeta … O a hacer el amor en el Marte … -le susurraba la oido.
Manolo dirigió su mirada a Lola con ojos extraños como saliendo de un sueño, mientras sostenía el vaso en una mano, con la mano libre le acariciaba sus grandes pechos.
-Lola, para hacerte esas cosas no necesito ir al Marte ni a ningún otro sitio -comentó Manolo-. Además los viajes son peligrosos y ocurren situaciones extrañas. Acuérdate de lo cambiados que vinieron tus primos, hicieron uno de esos viajes y por ver la profundidad del cosmos ese empezaron a haser cosas raras.
Pegó otro trago al vaso de cerveza mientras seguía viendo la olopantalla.
-¡Paparruchas! -respondió airada Lola- Esos dos siempre fueron gente un tanto enpeculiar. De todas formas mira este crucero a no sé que nube de Ot.
Lola le puso el portátil enfrente de la cara tapándole la visión de la olopantalla, Manolo actuó como si no la tuviera enfrente hasta que Lola la retiró momentos después, el portátil pesaba bastante. Lola se retiró del lado de su marido, pero siguió viendo y buscando con entusiasmo las ofertas de los viajes y las naves estelares a cada cual más espectacular.
-¡Manolo mira que nave astalar! -chilló Loala enseñando el portatil a su marido, Manolo que seguía a lo suyo no le hizo el menor caso.

Varias semanas después los dos se encontraban cenando en la sala de su piso. Habían invertido muchos créditos en su vivienda a la que equiparon con todo lujo de detalles, baldosas de mármol, paredes aconchadas, mobiliario de madera, a lo que también hubo que añadir máquinas de última generación, robots y todo lo necesario para un lugar acomodado de la época, todo les marchaba muy bien. A pesar de la inmensa fortuna que ambos poseían no tenían hijos, y no eran personas demasiado cultas para su época, o para cualquier otra época. Tuvieron la inmensa fortuna de encontrar en distintos lugares del planeta vetas de un mineral necesario para los nuevos combustibles que se utilizaban para diversos usos clave en la economía de la época, y de todas las épocas como motores, combustible, energía eléctrica y demás. Están considerados los nuevos ricos de la época como lo fueron en su día los buscadores de petroleo u oro del siglo XIX y XX. Por lo demás los modales de Manolo no eran muy refinados que se diga, masticaba con la boca abierta, sorbía la sopa, llenaba la mesa con migas de pan. Lola no se preocupaba lo más mínimo al fin y al cabo en aquella época las tareas del hogar recaían sobre los robots. Eso sí, los dos estaban sentados de etiqueta aunque estuviesen solos ya que las costumbres de la época así lo marcaban, durante la cena no se dijeron ni palabra estaban atentos a las viandas como correspondía a su educación, escasa pero la tenían.
Cuando acabaron la cena Manolo se relamía en su asiento mientras miraba la copa de coñac que le sirvió el camarero-robot.
-Manolo, ¿nos vamos una temporada de vacaciones a algún planeta? ¿O quizá algún crucero? -preguntó Lola.
Lola seguía insistiendo todos los días a su marido sobre el mismo asunto, y aquella noche también. Lola miraba melosamente a Manolo apoyando su cabeza en el torso de las dos manos con esos ojos negros profundos que tenía.
-He mirado varias ofertas y quería hablarlo contigo.
Manolo la miraba atentamente.
-Sabes que no me gusta para nada salir de la Tierra aunque sea a la mismísima Luna, ocurren cosas muy extrañas -habló Manolo-. Ya sabes lo que cuentan de esos viajes por el espacio.
Manolo se quedó un rato pensativo intentando desviar el tema de la converdsación, pero Lola no se dejó llevar.
-He visto unos cruceros preciosos –volvió a insistir Lola-. Podemos ir a un planeta o hacer un crucero interastalar, o como demonios se diga eso. Venga, cari, salgamos un poco de la rutina y vayámonos por allí.
Lola acabó poniendo morritos a su marido. Manolo que seguía aguantando la insistencia de su mujer suspiró un momento.
-Enga, la semana que viene tengo libre. Iremos a alguna agencia de viajes espacial y miraremos viajes, pero lo estudiaremos con calma y cautela. Ya sabes lo que te acabo de decir de ciertos viajes al cosmos ese.
Lola miró sarcásticamente a su marido por el comentario.
-¡Va! Tonterías y leyendas absurdas, no te creas eso Manolo. -se empezó a reír por lo bajo- ¿Alienegenas que secuestran naves espaciales y a sus pasajeros devolviéndolos después con las personalidades cambiadas? ¿Naves que se desvían de sus rutas perdiéndose por el espacio ese no se sabe muy bien hacía dónde? Ja, ja, ja, ja … -acabó riendo descaradamente Lola.
Manolo poniendo cara de circunstancias apuró su copa de coñac sin añadir nada al asunto.

Varios días después Manolo y Lola se encontraban en una pequeña sala esperando su turno para solicitar información sobre viajes al espacio. Lola se encontraba inquieta, Manolo más apático que ella se encontraba recostado sobre el respaldo del asiento con los brazos cruzados y aire desinteresado. Lola no paraba de ojear los folletos que había encima de las mesas, y compararlas con sus anotaciones que llevaba en su pequeño portátil. Cada dos por tres enseñaba a su marido la información.
-Ves, ves … -comentaba fascinada.
Manolo en silencio miraba cariacontecido lo que Lola le enseñaba para después quedarse con la vista perdida mirando la pared de enfrente. Pasado cierto tiempo la puerta de acceso a la oficina se abrió apareciendo un hombre alto con el pelo rubio perfectamente cortado y engominado. Vestía traje negro, corbata gris y zapatos negros de muy buena marca. Era un hombre delgado con una cara de forma triangular un tanto extraña.
-Señores Mínguez mi nombre es Javier Canso sean bienvenidos a esta su casa -habló aquel hombre con voz dulce.
Javier anduvo unos pasos esperando a que se pusieran de pies para luego extenderles la mano a modo de saludo, primero a la señora luego al señor. La mano era extrañamente larga y huesuda tanto como el brazo, delgado y desproporcionadamente largo. Al darles la mano y saludarles les miró atentamente a los ojos.
-Por favor, sin son tan amables pueden pasar. Pónganse cómodos como si estuvieran en su propia casa -se dirigió a los señores Javier que extendiendo una mano les invitó a entrar.
Manolo y Lola pasaron dentro de la oficina, Javier entró después cerrando la puerta. Nada más entrar en la oficina Manolo y Lola se quedaron fascinados por lo que vieron.
La oficina era enorme, las paredes laterales estaban revestidas de imágenes de cruceros estelares y planetas que aparecían y desaparecían en un autentico frenesí de imágenes. Había estanterías llenas de rocas, maquetas de naves estelares, del interior de estas y lo que parecía ser los camarotes de las naves, además de diversos utensilios que ni Manolo ni Lola sabían para que podrían servir. Al fondo de la oficina había una mesa con dos butacones para los clientes y otra butaca para el comercial enfrente de los dos butacones. Detrás de la mesa se extendía una enorme cristalera que ocupaba toda la pared que daba al exterior del edificio impregnando el interior de la oficina de luz y calor. Manolo y Lola tenían la vista perdida por toda la oficina y como dos chiquillos embobados se quedaron un buen rato mirando todos los artefactos que había por el lugar. Poco tiempo después, y aturdidos por tanto aparatito se sentaron en los butacones correspondientes. Javier que les había estado observando con paciencia les esperaba hacía un buen rato con una enorme sonrisa sentado al otro lado de la mesa en la otra butaca.

-¿Les ha gustado el pequeño museo que tenemos? -preguntó Javier mientras Manolo y Lola se sentaban intentado recuperaban la compostura perdida–. Lo tenemos para mostrar a nuestras visitas todo lo relacionado con nuestros viajes espaciales, naves, comodidad, camarotes, lugares, instrumental necesario para que los viajes sean más cómodos y demás utensilios formales que se utilizan en esta clase de viajes estelares.
Javier se quedó callado unos instantes mientras Lola y Manolo le miraban fascinados. Javier pulsó un icono en la mesa, y la cristalera que estaba situada detrás de él se fue oscureciendo poco a poco a la vez que una luz iba iluminado progresivamente el interior de la oficina. Cuando el despacho tomo un tono oscuro tenuamente iluminado por unas luces de color ocre Javier empezó a hablar.
-Permítanme que deje esta iluminación en la oficina, al fin y al cabo es la iluminación que tendrán en su camarote si aceptan alguno de nuestros viajes en nuestras magníficas naves estelares -explicó Javier.
Pulsó otro botón y una nave estelar en 3D se proyectó desde la mesa justo encima de ella en forma de imagen olográfica, se podían observar todos los detalles de la nave hasta el nombre. Javier dejó que Lola y Manolo se embobaran durante un buen rato con la imagen para más tarde sorpresivamente cortarla pulsando el mismo botón, Manolo y Lola se sobresaltaron en sus asientos.
-Señora y señor Mínguez antes de empezar sean ustedes dos bienvenidos a Viajes Estelares Vuelo Rápido –su voz dulce y suave envolvía toda la oficina-. Antes de comenzar he de comentarles ciertas normas, les comunico que esta conversación y las que vengan está siendo grabada para evitar confusiones y malas interpretaciones. Recibirán una copia de la grabación en la dirección que ustedes nos indiquen, naturalmente nos quedaremos con una copia de uso comercial para posteriores contactos y publicidad. Por supuesto que tienen ustedes a su disposición todo los derechos legales de uso, rectificación y cancelación de la grabación. Los contratos que ustedes dos hagan con nosotros se firmarán en esta oficina y dispondrán del tiempo que la ley permita para posteriores rectificaciones, modificaciones o incluso cancelaciones que quieran hacer. El pago siempre se realizará al contado en la cuenta que ustedes designen y se hará de forma automática después de realizar la firma del contrato.
Javier se detuvo esperando alguna pregunta o consulta, Manolo y Lola no dijeron nada
-Espero que tengan claro las normas iniciales – avier siguió esperando una respuesta de los dos, no la hubo- Y ahora señora y señor Mínguez díganme qué clase de viaje pretender hacer.
Manolo y Lola se quedaron mirándole con los ojos abiertos de par en par,Lola fue la primera en reaccionar rompiendo el bloqueo.
-Bueno, mire. Queremos irnos de vacaciones y habíamos decidido, bueno, había decidido yo que viajes elegir.
Javier la observaba con toda la paciencia y dulzura del mundo. Lola empezó a teclear en su portátil, que lo sacó de su bolso, toda la información guardada y dejándolo encima de la mesa empezó a comentar.
-La verdad es que hay mucho dónde elegir -habló con voz nerviosa mirando al portátil y al comercial-. Quizás lo que más nos interesa es un viaje al Marte para empezar o un crucero por alguna de las lunas del Júpiter o del Saturno. Bueno la verdad es que estoy hecha un lío y mi marido no ayuda mucho ya que no le gusta demasiado esta idea de viajar, pero yo no quiero morirme sin salir de la Tierra -acabó Lola casi sin aliento.
-Entiendo su confusión –siguió Javier entrelazando las manos encima de la mesa-. Veamos señores, si no me equivoco este es el primer viaje que contratan, ¿cierto?.
Manolo y Lola asintieron a la vez.
-¡Perfecto! -exclamó Javier-. Pues para empezar lo que recomendamos siempre es un crucero, y tenemos varios.
Pulsó varios iconos en la consola de la mesa con esos dedos huesudos a una velocidad increíble, y en las paredes laterales de la oficina salieron los distintos tipos de viaje que podían hacer.
-Como pueden ver en las dos pantallas que se despliegan delante suyo siempre es mejor empezar en un entorno controlado y agradable como son nuestras naves antes de pisar suelo extraterrestre si es que algún día les interesa hacerlo -las pantallas enfrente de ellos dos mostraban toda la información sobre esos viajes.
-Tenemos viajes de crucero hacía los planetas internos rocosos del Sistema Solar, Mercurio, Venus y Marte incluyendo un acercamiento con varias vueltas incluidas alrededor del Sol.
-¡Ay va! -interrumpió Manolo saliendo del éxtasis- ¿No nos quemaremos con nave incluida, verdad?
Manolo se quedó mirando a Javier un poco aterrado. Javier con toda la paciencia del universo y sin una sola mueca de asombro respondió.
-No, claro que no caballero. No tiene por qué preocuparse, las naves llevan un sistema automático de navegación que evita que se acerque peligrosamente a nuestra estrella, y además dichas naves generan un potente campo magnético que evita que las colas de plasma que genera el Sol destrocen la nave. Además las naves están compuestas de una material que soporta grandes cantidades de temperatura tanto de frío como de calor. Estarán en un ambiente totalmente controlado, y con una gravedad similar a la de la Tierra.
Manolo se le quedó mirando pensativo y no muy convencido de ello, Lola miraba fascinada los datos. Javier esperó otra pregunta.
-Tenemos otros cruceros, a Júpiter y sus lunas internas; Saturno, sus anillos y alguna de sus lunas; Urano; Neptuno … y de momento no recomendamos ir más lejos sobre todo si son primerizos como ustedes aunque si el cliente quiere podemos planificar alguna clase de viaje más allá de Neptuno. Los llamamos viajes transneptunianos y más allá, pero son para viajeros más avezados. Les recalco que los viajes para pisar suelo extraterrestre no los recomendamos para personas que se inician en viajes estelares.
Manolo y Lola no dejaban de mirar las pantallas.
-¿Y si alguna nave se pierde? ¡O no vuelve! ¡O chocamos con una roca espacial de esas!-preguntó Manolo nerviosamente. Lola le miraba con cara de sorpresa.
-¡Manolo! Por la Virgen de los Delirios, ¿qué preguntas son esas? Vas a enfadar al señor Cansino.
-Canso, señora Mínguez, mi apellido es Canso -respondió javier sin ningú atisbo de ofensa en su voz.
Poco después de que Lola y manolo estuviesen mirando las ofertas como dos chiquillos, Javier extendió una tarjeta virtual desde la consola de la mesa que él manejaba al portátil de Lola, después dirigió su mirada a manolo.
-Señor Mínguez respondiendo a sus dudas -habló Javier-, los programas de ruta tienen un funcionamiento perfecto y nuestros trabajadores tiene la mejor formación posible en viajes espaciales. Jamás se ha quedado varada o a la deriva una nave estelar, y creame las posibilidades de que un asteroide o cometa choque contra una de nuestras naves es ínfima.
-Ya sabe que circulan muchos rumores sobre estos viajes –volvió a interpelar Manolo que lejos de rendirse siguió con su discurso-, naves extraterrestres que nos atacan, personas cambiadas de personalidad, naves que se pierden por el Universo ese, abluciones -Lola miraba avergonzada a su marido
-Señor Mínguez le puedo asegurar y le aseguro que no son más que rumores infundados –respondió con una gran entereza y serenidad Javier Canso-. Nuestros viajes son de los más seguros que existen teniendo una satisfacción de más del 95% de nuestros clientes, además he de añadir que todos los clientes que viajan con nosotros siempre repiten.
Manolo desvió la mirada del comercial, y siguió mirando la pantalla que ofrecía los datos estadísticos de la compañía.

-¿Qué tiempo suelen durar los viajes? -preguntó Lola.
-La duración mínima de un viaje, precisamente el viaje a los planetas interiores, es de seis meses -respondió Javier-. Al estar más cerca de la Tierra el viaje dura menos, aunque dependiendo de la posición orbital planetaria podrán alargarse unos días más o menos. Como ustedes comprenderán las distancias son enormes, además, hoy en día no tenemos que esperar a ninguna alineación o acercamiento orbital entre planetas ya que los nuevos motores nos permiten una autonomía casi total para avanzar por el espacio.
-¿No nos dormirán durante el viaje o algo asín? -preguntó Manolo con cara de preocupación-. Si vamos en naves me gustaría verlo todo aunque solo sea oscuridad.
-Manolo, por favor. ¡Vale ya! Asín no vamos a ninguna parte ni planeta -recriminó Lola a su marido.
-No se preocupe señora Mínguez –interrumpió el comercial-. Para eso estoy yo aquí, para aclarar todas sus dudas.
-Señor Mínguez –continuó Javier–, el sistema de hibernación humana se ha demostrado que no es efectivo por el momento aunque se sigue investigando. Durante sus viajes harán una vida normal con la única diferencia que estarán en una nave estelar con una amplia panorámica del espacio y las vistas que correspondan a los objetos estelares acordados en su viaje. Tienen cines, conciertos de la música que les guste, restaurantes, todo como en su vida normal y diaria.
Lola que miraba fascinada al comercial y al portátil se quedó pensativa , Manolo seguía mascullando sus dudas.
-Como pueden observar en las imágenes –continuó Javier vendiendo su producto con voz firme y melodiosa-, las naves tiene distintas cubiertas o plantas para que me puedan entender. Todo está perfectamente estructurado y cada cubierta esta preparada para cada tarea. Pueden ver la cubierta de los camarotes para los viajeros; la cubierta de pasatiempos y ocio; la cubierta hospitalaria donde está el personal médico correspondiente formado por enfermeras y doctores con quirófanos totalmente equipados para operaciones de emergencia, y todas las medicinas que cualquier ser humano necesite a parte de las que ustedes lleven encima, claro. Cubiertas de mantenimiento, tripulación, sala de máquinas, etc … Lo que sí se tendrán que hacer es un pequeño chequeo médico para saber cuál es su situación médica actual. También les enseñaremos a como moverse por la nave y harán ciertos simulacros de emergencia pero eso ocurrirá cuando ustedes lleguen allí, sí así lo desean.
Manolo le miraba con ojos de espanto.
-¡¡Ay!! No sé que haser –comentó Lola- ¿Podemos llevarnos la información a casa y estudiarlo con calma, señor Cansano?.
-Desde luego señora, les paso unos ficheros con los viajes que mejor se adaptan a sus necesidades -empezó a teclear Javier en la consola–. Le paso a su portátil los viajes planetarios. Los viajes a otros planetas dónde tengan que pisar suelo los dejaremos para más adelante.
Javier con una espléndida sonrisa se los quedó mirando. Lola observaba la información mientras Manolo miraba para otro sitio no muy interesado en lo que se hablaba.
-Tienen mi tarjeta y mi número, llámenme para cualquier duda o información que necesiten -comentó Javier.
-Sí señor, así lo haremos -respondió Lola animada.
-Ya saben, viajen con Viajes Estelares Vuelo Rápido y tendrán una experiencia inolvidable -tarareó Javier. Los tres se pusieron de pies y Javier les apretó la mano a cada uno a manera de despedida. Lola recogió su portátil, lo guardó en el bolso y agarrando del brazo a Manolo se dirigieron hacía la puerta. Javier les acompañó abriéndoles amablemente la puerta y les saludó con un gesto de la cabeza a modo de despedida. La puerta se cerró detrás de ellos dos saliendo del edificio en dirección a su casa.

Año y medio después Lola y Manolo se dirigían en coche hacía la lanzadera que les llevaría a la nave espacial que se encontraba a cierta distancia de la Tierra para iniciar su primer crucero estelar. Los dos se encontraban en los asientos traseros del vehículo que les había puesto a su disposición la agencia de viajes. Lola estaba ilusionada y no paraba de hablar y de moverse en el asiento, Manolo estaba con ojos asustados mirando al frente.
-Ya verás lo bien que nos lo pasamos, ea –habló Lola intentado animar a su marido que parecía estar petrificado-. Enga, anima esa carita Manolo que vamos a ver al Venus, al Mercurio y a todo eso. Además no nos vamos a aburrir nada de nada, como si estuviéramos en nuestra propia casa. Nueve mese de viaj,e y casi sin darnos cuenta estaremos de vuelta en casa. Seremos la envidia de todos.
Manolo de vez en cuando la miraba con ojos algo asustados a su mujer pero no decía nada.
Desde el momento en que salieron de su domicilio absolutamente todo lo planificó la agencia de viajes, el coche y el chófer, las maletas enviadas semanas antes que ya se encontraban en el camarote de la nave esperándoles, azafatas, acomodadores y demás personal de la agencia de viajes, todos ellos altos, delgados, huesudos y con la cara algo triangular, como el comercial. Cuando el coche llegó al edificio de recepción del espacio-puerto les estaban esperando, amablemente, les abrieron las puertas del vehículo saliendo los dos
-Bienvenidos al espacio-puerto, su lanzadera ya les está aguardado señor y señora Mínguez - habló amablemente una mujer con una enorme sonrisa, o eso parecía al menos.
Entraron los dos en el edificio acompañados por el personal de la agencia, Lola se encontraba fascinada mirándolo todo mientras Manolo andaba algo rígido por la tensión y el temor. Les llevaron a los dos a una enorme sala donde había más viajeros esperando entrar en la lanzadera, era un edificio totalmente acristalado, blanco y absolutamente pulcro por todas partes con la lanzadera al fondo a una gran distancia.
-Mira Manolo … -habló susurrando de la impresión Lola a su marido tirándolo del brazo y señalando con el dedo en dirección a la lanzadera.
-Allí vamos a ir todos –siguió hablando-, y después a volar por el cosmos ese.
Manolo miraba con cierto temor hacía la lanzadera.
Los empleados de la agencia se mezclaban entre los viajeros repartiendo folletos y dando las pertinentes explicaciones a todos ellos.
-… sí señora, no se preocupe. Todos entrarán en un tranvía que conecta el espacio-puerto con la lanzadera … no se preocupe caballero, no estallará la nave … solo sufrirán ingravidez mientras se trasladen en la lanzadera para después cuando lleguen a la nave tendrán una gravedad casi normal … No, señora, no insista. No puede llevar animales, su gato se tiene que quedar en la Tierra … -con una gran sonrisa y una enorme paciencia todas las dudas fueron atendidas por el personal de la agencia de viajes.
Los viajeros se fueron agrupando y haciendo corrillos entre ellos, el murmullo era ensordecedor. Casi todo el mundo hablaba hasta que empezó a sonar una dulce melodía, y poco poco se fueron todos callando. Cuándo el silencio era total la música paró pudiendo los viajeros escuchar el mensaje de bienvenida.
-Señores viajeros sean todos ustedes bienvenidos a este espacio-puerto y gracias por confiar en Viajes Estelares Vuelo Rápido. El tranvía para llevarles a la lanzadera espacial está ya esperándoles, pueden dirigirse hacía allí cuando deseen. Nuestros operarios les acompañarán, gracias por su atención.
-Y poco a poco todos se fueron desplazando hacía allí …

Pocos minutos después Manolo y Lola se encontraban en la lanzadera amarrados a los asientos con los cinturones. El hueco dentro de la lanzadera por encima de sus cabezas era muy amplio y además había encima de ellos más filas de asientos todos ocupados con más viajeros, la lanzadera iba llena.
-Que grande es el interior de este cacharro –masculló entre dientes Manolo-. ¿Para qué tanto hueco? ¿Por qué están esas personas encima de nosotros? ¿No están al revés?.
Manolo siguió mirando a todo lo que había.
-Deja de preguntar y disfruta –le comentó Lola-. Fíjate cuantas luces y que grande son las ventanas.
Lola estaba fascinada por todo. Los operarios miraron minuciosamente que todo el mundo estuviese bien atado a los asientos, minutos después se retiraron. Pasados unos minutos y mientras los viajeros charlaban entre ellos la nave empezó a vibrar, el silencio llegó de golpe al interior de la lanzadera y poco a poco se fue elevando. Cuando alcanzó cierta altura y los viajeros notaron la ingravidez irrumpieron en una salva de aplausos, estaban todos excitados y nerviosos. La lanzadera poco a poco fue acelerando permitiendo a los pasajeros ver la Tierra en su totalidad para luego ver la pareja Tierra-Luna. Lola estaba totalmente fuera de sí y disfrutando de cada momento, de vez en cuándo los pasajeros aplaudían dependiendo de lo que llegaran a ver o de la excitación o nerviosismo de cada cual.
-Mira, Manolo –comentaba Lola-. Como las imágenes esas de las fotos del espacio ese. ¿Qué pasa ahora?
La nave había acelerado bruscamente y las estrellas desaparecieron con un fogonazo, todo el pasaje estaba en silencio observando. De repente y sin previo aviso la lanzadera frenó y delante de ellos a cierta distancia con todas las luces encendidas y lanzando fogonazos como salvas de bienvenida se encontraba el crucero estelar que les llevaría de viaje. La ovación de los pasajeros fue inmensa, Lola no paraba de aplaudir y gritar, Manolo se encontraba sorprendido por ver lo que veía.
La lanzadera entró en la nave crucero atracando dentro de ella, sin prisa pero sin pausa todos los pasajeros se bajaron sin ningún tipo de contratiempo, no hubo ni desmayos ni vómitos. Los operarios de la nave dirigieron amablemente a todos los pasajeros a la sala-recepción principal desde donde eran dirigidos a sus camarotes. Manolo y Lola iban agarrados del brazo totalmente fascinados por lo que veían, observaron que las estrellas cambiaban de posición.
-¡Oiga, pasiano! -preguntó Lola a un operario- ¿Por qué se mueve el cielo.
-Señora, la nave ya se está empezando a desplazar para iniciar la travesía y el movimiento de las estrellas es más acusado que en la Tierra porque nos movemos de manera distinta -respondió muy amablemente el operario.
-Ah, gracias … gracias -respondió Lola como no entendiendo demasiado bien lo que les decía.
-¿Estás segura de que nos movemos? -preguntó Manolo a su mujer-. Yo no noto nada. - -Claro que sí, tonto -respondió Lola dándole un cariñoso empujón.
Tiempo después les acompañaron a los camarotes donde les dejaron ordenar su maletas y descansar.

-Por fin nos movemos, ya tardaba en llegar la última remesa de monos -comentó para sí el comandante de la nave desde su puesto de mando en el propio crucero estelar.
Un puesto de mando del que ningún ser humano tenía conocimiento de su existencia y desde el que eran observados y vigilados. El comandante de la nave, denominado así por formulismos humanos, se encontraba de pie observando los movimientos de los pasajeros con gesto inexpresivo. Tenía unas facciones muy acusadas al igual que el resto de los tripulantes de la cabina de mando del crucero como correspondía a los miembros de su estirpe. El rostro era marcadamente triangular, los brazos tremendamente largos, las manos alargadas y huesudas, la boca extremadamente fina. La tripulación que estaba con los pasajeros fueron elegidos entre los de su estirpe ya que la apariencia de estos les hacía parecer más “humanos” para que no se notara la diferencia y no sospechase nadie nada.
-Cuando la mayoría de los monos estén en sus lugares de descanso empezaremos con el proceso de modificación de conducta -habló el comandante mientras seguía observando y esperando, tenían todo el tiempo que quisieran.
-Ya sabe Gran Sacerdote que estos monos son duros de cabeza –sonó una voz en la cabina de mando-. Son poco disciplinados, y cuesta introducirles un comportamiento distinto. Curiosamente, y contra todos nuestros estudios de invasiones anteriores a otros planetas, en esta raza los más inteligentes son los más fáciles de manipular. Esos fueron los primeros en caer>>.
El comandante-gran-sacerdote miró brevemente la pantalla desde donde le hablaban en la cabina de mando, y bajó la cabeza a modo de saludo o de aprobación humana.
-Conozco los informes Gran Señor –respondió el Gran Sacerdote, Comandante-. Estos monos que han llegado a pesar de sus riquezas terrestres son menos inteligentes y cuesta más moldearlos, parece que no admiten cambios en sus cerebros. Son muy toscos y poco refinados, costará algo más empezar a moldearlos y además unos cuantos vienen ya con esa idea de que aquí sucede algo extraño.
-Tengamos cautela y paciencia Gran Sacerdote y no despertemos sospechas –respondió el ser de la pantalla-, continuemos con el plan establecido. A pesar de ciertos contratiempos todo funciona muy bien, tenemos todas las herramientas necesarias para poder dominarlos y que nos admitan como sus dueños y señores para seguir con nuestro dominio de la galaxia.
-Sí Gran Señor, todos sabemos que todo esto es necesario ya que no podemos modificar a todos los monos del planeta Tierra de golpe, y además debido a características mentales y cerebrales necesitan de varias sesiones. Por eso hemos creado estos viajes utilizando su economía y comercio. Curiosa raza la humana, pierden el tiempo en ocio y viajes y nosotros lo aprovechamos para seguir con nuestros planes.
El Gran-Sacerdote-Comandante hizo una especie de mueca en la cara como intentando sonreír.
-Ahora Gran señor, si me excusa. Debo de seguir con el trabajo -habló el Comandante de la nave agachando  la cabeza al ser de la pantalla. La pantalla se ennegreció dando por concluida la comunicación.
-Tripulación aquí el Gran Sacerdote. Ya nos hemos comenzado a desplazar, iniciando protocolo de acondicionamiento humano.
-Mira Manolo la luz del camarote empieza a apagarse –comentó Lola a su marido-, que luz tan bonita y que bien … se ve … las estrellas … y  el cosmos ese … Manolo … mira … mira ... .
Y los dos se quedaron profundamente dormidos así como el rsto de seres humanos de la nave. El acondicionamiento amaktikano continuaba, y sus planes de dominación terrestre también.

Bilbao, 17 de junio del 2.018.

Revisado. Bilbao, 21 de marzo del 2.019.

Comentarios

  1. ¡Muy bueno Manu...!! A mi me gustan mucho las historias románticas y de ficción, en este caso este relato de ficción lo he disfrutado y mucho....Me la imagino incluso como película...Gracias por compartir, esperamos en siguiente...!!

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    1. Gracias por llegar y comentar, me encanta que te guste. Vendrán más y espero que mejor.

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  2. Genial relato, con un toque de humor muy acertado. Estoy segura q Manolo y Lola fueron un gran dolor de cabeza para lograr las intenciones de los alienígenas, jaja. Muy bueno, éste y los demás relatos.

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